A PANAMÁ CON URGENCIA

Este poema lo escribió mi madre, Mª Luz Castro para mi hija cuando regresamos de Panamá.  Fue su mejor regalo de bienvenida

 

La madre escribió un mensaje

en un pañuelito blanco

 

A la orilla del mar

lo metió en una botella,

y puso un cartelito dentro

“A Panamá con urgencia”

 

Una ola lo recogió y,

sobre la mar océana,

navegó la olita aquella.

 

Al otro lado del mar,

muchos días y muchas noches

tardó en llegar la botella.

 

“Quiero una hija, Señora,

se me hace larga la espera”

 

Al cielo llegó el mensaje y,

un ángel con alas rosas,

trajo a mi niña morena.

 

Mª Luz Castro

(tu abuela)

RECUERDA QUE SOY UNA NIÑA - Anónimo

Mis manos son pequeñas

no quise derramar la leche

 

Mis piernas son cortas,

por favor, disminuye tu paso,

así podremos caminar juntas.

 

No me golpees las manos

cuando toco algo brillante y hermoso,

yo no comprendo.

 

Por favor, mírame cuanto te hablo,

así sé que de veras me escuchas.

 

Mis sentimientos son tiernos,

no me regañes todo el día,

deja que me equivoque,

sin que me sienta estúpida.

 

No esperes que cuando recoja la cama

o haga un dibujo estén perfectos,

quiéreme tan sólo por intentarlo.

 

Recuerda que soy una niña,

no una adulta pequeña,

a veces no entiendo lo que dices.

 

Te quiero tanto...

por favor quiéreme tan sólo por ser yo,

no por las cosas que puedo hacer

               Anónimo

NIÑA DE OJOS NEGROS (M. LUZ CASTRO)

 

Niña de los negros ojos

Niña de nuestros pesares

Niña de corazón tierno

Niña de alegres andares

 

Que sople el viento y se lleve

los dolores, los desaires,

Que te traiga amor alegre,

mano amiga, hermosos viajes,

 

Niña de los negros ojos

niña de nuestros pesares

 

        Dedicado a mi hija Almudena

          M. Luz Castro (mi madre)

 

Derechos reservados

NO TE OLVIDES - Mª luz Castro (mi madre)

Yo sé, Señor, que tu tienes contigo a quien yo quiero

Y que estás tras de mí en este caminar de la lucha diaria,

detrás de la risa y los triunfos,

también detrás de los fracasos y las lágrimas.

Pero, ¡Qué quieres Señor! Yo soy desconfiada

 

No te olvides, Señor

ya que tienes tras de ti a tanta criatura desolada,

que yo espero que guardes a mi amor

y te pido que encuentre yo de nuevo su mirada,

sus brazos dulces, el calor de sus manos

el pecho en el que me apoyaba,

su risa fuerte, su segura pisada,

todo eso, Señor, que yo tenía y que echo en falta.

 

Que tu Casa sea luz, campo verde, mar azul,

cielo inmenso y pájaros que cantan.

¡Puesta a pedir, Señor, que no me olvide de nada!

 

Yo espero aquí Señor, y soy feliz,

tengo las manos llenas de amor y de esperanza,

déjame terminar lo que aún tengo entre manos,

la vida de mis hijos,

su amor, sus ilusiones

y disfrutar en paz de su compaña.

 

Y cuando esos pajarillos su nido tengan,

vuelen seguros y ya no necesiten tanto de este amor

porque otro más suyo llene su alma,

no te olvides Señor de mi recado,

ya te he dicho que soy desconfiada

 

                                        Mª Luz Castro Moyano

Derechos reservados

                                               (Mi madre)

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