EL NOVIETE DE LOLITA

Mi hija me ha contado que Lolita anda novieteando con un chaval del instituto un par de años mayor que ella. Le he pedido referencias y, como es natural, ha pasado de mí con epítetos que me retrotraen a mi adolescencia encerrada en el sarcófago del secretismo ante las preguntas inquisitorias de mi madre: ¿Quién es Fulanito? ¿Qué tal estudiante es? ¿Dónde vive? ¿En qué trabaja su padre? a las que respondía con una sarta de mentiras después de haber aprendido que la reacción de mis antecesores en el ránking familiar, a saber, una batería de reproches, algún que otro grito y, según qué hermano, un par de portazos para reivindicar su rebeldía, había resultado ser un fracaso en la consecución de objetivos para alcanzar la libertad.

Visto lo visto, decidí acudir directamente a la fuente de información, más o menos fiable, en la figura de Sara, la madre de Lolita, para averiguar en qué punto de la gráfica mental de ansiedad-posible embarazo-infecciones andaba su cabeza, siempre y cuando estuviera enterada del romance filial.  Esperé a que mi hija estuviera de paseo para marcar su teléfono con la idea de lanzar globos sondas para descubrir si estaba encaramada en la copa del guindo o en el suelo rodeada de estampitas de santos a quienes rogar protección. Tecleé y mi amiga descolgó con la voz acelerada que la identifica:

-        Taboada – empezó – sabía que me llamarías para preguntar si me he enterado que Lolita anda con un chico del instituto.

-        Pues sí – contesto – por cotilleo y para irme preparando para cuando me llegue el turno

Escucho un bufido y espero a que continúe

-        Pues qué quieres que te diga, que ahora entiendo a mi madre cuando la veía colgando los rosarios que me habían regalado a mí por mi Comunión al lado de mi foto a poco de empezar a salir con Ricardo.  Mira que hacía tiempo que no rezaba pero ahora estoy con el cuatro angelitos guardan mi cama desde que me levanto hasta que me acuesto porque no hay nada más descerebrado que una adolescente que cree que lo sabe todo y no tiene ni idea de nada.

-        Hombre, Sara, Lolita no es tan inconsciente

-        No estés tan segura, Taboada, y aunque no lo fuera, las hormonas si lo son y no hay calentón que se les resista cuando se ponen a bailar rumba.

Me río. Sara siempre tiene el punto de humor adecuado para relativizar problemas

-        Sí, si, ríete que te voy a contar la semana de excursiones que he pasado.  Tan pronto Lolita confesó que las tres horas que pasa hablando por teléfono eran con el churri, busqué un centro de planificación familiar, pedí cita con la ginecóloga y recuperé las visitas al altar de San Antonio para alegría del párroco que siempre se queja de no llegar a fin de mes con la miseria de limosnas que sus fieles depositan.  El médico del centro era un uruguayo que le explicó los riesgos de no tomar precauciones con meticulosidad y una especie de tic de repetición que a mí me puso de los nervios:  Mirá bonita que tenés mucho peligro ... mirá bonita que el problema no es sólo el embarazo, también existen las infecciones. Mirá bonita está la sífilis, la gonorrea, el VIH y así hasta que corté por lo sano y le dije que ya nos habíamos enterado desde el primer Mirá bonita. ¡Ay Taboada!, esto de ser madre liberal sería fantástico si no fuera porque nosotras crecimos en la prudencia y la creatividad para agenciarnos las mañas que evitaran complicaciones y ahora tenemos que acompañar a las hijas para dárselo masticadito porque van como motos por una autopista atascada.

-        ¿Y qué dice Ricardo?

-        Ha adelgazado del susto, que por cierto le hacía falta.  Otro que iba de liberal hasta que ha sido su niña la protagonista de la novela – toma aire – Que ¿qué dice? Para empezar se ha mudado al pasillo de casa para plantar la oreja en la puerta del dormitorio de Lolita cada vez que la oye hablar por teléfono y, como es a todas horas, pues eso, que se ha mudado. Cree que soy tonta y no me doy cuenta de lo que hace pero la otra tarde salió detrás de ella para espiarla hasta el bar donde había quedado con el churri, se escondió detrás de un contenedor de basura y se quedó allí como un lagarto sudoroso hasta que la pareja salió del local.

-        ¿En serio?

-      Y tanto.  Lo malo fue que el chaval lo vio agazapado y le dijo a Lolita que ese tío tan raro le daba mala espina. La niña lo reconoció y replicó: No te preocupes churri (el churri es cosecha mía), es el imbécil de mi padre haciendo el tonto.

Estallo en carcajadas y le pido que continúe

-     Lolita me lo contó nada más llegar a casa con ese tono irónico que ha heredado de Ricardo cuando quiere clavarte un puñal en el riñón.  En resumen, bronca con el papá, bronca con la niña, Kike al cuarto a jugar y el gato acojonado en los bajos de mi cama. Un numerito, vamos, todo un numerito idéntico al que tuve con la farmacéutica cuando bajé a comprar ibuprofeno (qué coñazo eso de que haya que pedirlo con receta..enfin..). Mayte es como de la familia así que, cuando me entregó la caja, soltó con socarronería si tenía miedo de quedarme embarazada de nuevo. Le dije que ni tenía intención ni era la Virgen María (le recordé que me había quitado el útero  un par de años atrás) - Te lo digo porque ayer vino Ricardo y me pidió preservativos de neopreno. ¿Neopreno? – le pregunté alucinada – Si, de neopreno – confirmó con risita – dijo que quería los más gruesos que había en la farmacia, los que nunca se rompían. Vamos, Taboada, que no me quedó más remedio que contarle que Lolita andaba de novios y que su padre se había vuelto esquizoide.  Cuando subí a casa, me fui directamente a Ricardo y le pedí que me dijera qué había hecho con la caja, si se la había dado a la niña o pensaba hablar con ella antes de entregárselos con uno de esos discursos que él utiliza cuando quiere dejar claro que es el cabeza de familia.

-      Se los he metido en la mochila – respondió escueto – más vale prevenir que curar, ya lo sabes…

-        Pero, ¿existen condones de neopreno? – pregunto con asombro

-        Por lo visto sí – responde concisa

-        ¿Y son caros?

-        Pues no lo sé… ya te digo que los compró Ricardo

-        ¡Qué bárbaro! – exclamo – ni que fueran de buceo

-        Hombre, si lo piensas bien…

-        Vale, no sigas…

Me quedo callada un segundo y continúo

-     Tantos años renegando del convento para las niñas púber en la Edad Media y mira que ahora hasta me parece buena idea

-        Y a mí, Taboada, y a mí

-    Esta tarde voy al supermercado, Sara, yo también tengo una farmacéutica con mucha coña.

-       Es lo que tiene la confianza

-      Ya..es lo que tiene ...