QUERIDOS ANALFABETOS EMOCIONALES

Queridos analfabetos emocionales,

Os conozco gracias al privilegio de haberme codeado con diferentes ambientes desde que empecé a socializar en los colegios, universidad y viajes como aprendiz de Trotamundos.  He discutido con vuestros padres cada vez que enarbolaban la bandera de la intolerancia con insultos a la inmigración, homosexualidad o mujeres merecedoras de castigo por atreverse a rebelarse contra la autoridad masculina.  Reconozco mi aversión a la élite a la que pertenecéis desde que era una cría de Primaria cuyas compañeras de "buena clase" culpaban de los pequeños hurtos a las niñas que procedían del pueblo.  Alumnas de alto copete y misa dominical que se permitían el lujo de aplicar el bullying por razones que todavía no entiendo y que perviven en mí como el escozor de una picadura en la piel de la memoria.

Os he visto caminar por las calles del barrio en el que nací, vociferar himnos paramilitares que me hacían correr en dirección contraria, pisar la acera con botas de suelas gruesas, alzar el brazo envalentonados con el eco de las voces que aplaudían vuestro gesto y mirar desafiantes a cualquiera que respondiera a su provocación con un mohín de rechazo.  Muchos de vosotros rondáis los veinte años, pero loáis al dictador Franco como al emperador de una historia enviciada, manipulada y sectaria que os inculcaron al nacer con la papilla servida en vajilla de plata.  Acariciáis la miseria ajena con el regocijo de creeros impunes, despreciáis a quienes no están a la altura de vuestra soberbia, juzgáis desde la ignorancia y laváis las conciencias, quizá, presumiendo de magnanimidad en las aportaciones solidarias que encumbran el poder de vuestro ego.

Sois nietos y bisnietos de una guerra feroz en la que las víctimas claman aún por la dignidad robada y de la que vosotros os burláis con la comodidad que proporciona el desconocimiento de una realidad que, de repetirse, no seríais capaces de afrontar. Pobres ilusos confinados en burbujas de paredes vulnerables a las volteretas del  azar porque vosotros, apasionados defensores de tiranos, abogados del desprecio al inmigrante, hipócritas mecenas de la independencia de la mujer, justificadores del abuso de los niños por parte del clero, o irónicos salvaguardas de la libertad sexual, no alcanzáis a discernir que la vida, esa que ahora tanto disfrutáis, no es más que una bomba de principios mutables tan pronto os azoten los vientos de lo inesperado .

Leed, escuchad, abrid las escotillas de la sangre acalorada por la juventud y aprended que un título universitario, el amigo de papá que os permite acceder al mejor bufete de letrados, hospital o empresa, el máster más caro o la estancia en una escuela de prestigio, es un salvavidas a prueba de aguas mansas, pero la inteligencia emocional, la amplitud de criterio, sentido común, educación, empatía y tolerancia fortalecerán la malla que os amarre al suelo cuando emerjan los envites de un destino incierto, imprevisible y, a veces, demoledor.

Hacedlo por respeto hacia vosotros mismos.

Por respeto a todos.