INNOVANDO EN TECNOLOGÍA - Almudena T.

Este fin de semana jubilé a Matusalén Samsung después de haberme servido durante cinco o seis años con fidelidad, dedicación y la pantalla rota sin interferir en las tuercas de su mecanismo.

Fue duro tomar la decisión de suplantarlo por la competencia pero estaba demasiado viejito y quejoso para quedarse más tiempo rinrigueando el oído y, teniendo en cuenta lo mucho que se había esforzado, decidí que merecía descansar en un punto limpio para reciclaje.  No hubo velorio aunque si que unos cuantos besos de despedida más que nada porque llevaba dos días estrellándolo contra el colchón cada vez que se enajenaba y resultaba harto inútil deslizar el dedo para responder una llamada.

Acudí al centro comercial próximo a mi domicilio y entré dispuesta a innovar mi acceso la tecnología. Los cazadores de clientes se apresuraron a ofrecerme servicios entre mostradores con etiquetas escasamente golosas.  Al primero que se acercó le corté el discurso de oportunidades con un:  buenas tardes, Javier (no es que yo sea vidente, es que lo llevaba impreso en la camiseta), antes de que me cuentes las maravillas de este u otro terminal, te pongo en antecedentes de prioridades:  Uno: precio, Dos: GPS que a mí los mapas se me dan fatal, Tres: para tontos, las cualidades del móvil que sean para para tontos…He tenido suerte, este Javi es adorable y no hace falta que insista para entenderme ipso facto.  No se enreda con opciones, va directo a mi nuevo receptor con las tres condiciones cumplidas.  Me encamino hacia la caja, pago, me regalan una  piruleta y me voy ufana a casa con el utensilio ring ring protegido en mi mochila.

Mi hija no ha regresado aún de su paseo cuando arribo al hogar conjunto.  Enchufo a Tomás (soy así de rara, el coche se llama Manolito, el microondas Juanín y el móvil Tomasito) y empiezo a escribir en el blog mientras su batería se load. Suena la puerta y abro a la pequeña Taboada empapada hasta las cejas, se quita las zapatillas, los calcetines, los leggins y entra en el salón con su par de periscopios oculares para descubrir a Tomás sobre la repisa del aparador.

-  ¡Halaaaaaaaa! Te has comprado un prrrrrrr!!!!

Me pasma su conocimiento de marcas y me pregunto si no debería aprovechar la ocasión para recordarle que el interés que pone en los teléfonos tiene que ser idéntico al que debería focalizar en las mates, estudio de las civilizaciones, minerales, lengua e, incluso religión que no aprueba ni con ayuda del profe. Soy prudente y dejo el ataque para otro día.

-          Mamá, creo que este móvil es demasiado bueno para ti, a ver cómo te lo explico, no es que sea muy muy bueno, eso no, los Iphone 6 son mucho mejores, y los Apple noséqué, y los otros nosécuánto pero ¿tu realmente necesitas este ring ring?

Mi hija cree que soy tonta, pero no y la he pillado a la primera. Quiere hacer trueque, quedarse con Tomás a cambio de su kk-de-vaca que adquirí como utensilio suficiente para su edad abobolescente. Me empleo a fondo y tiro el anzuelo en beneficio propio.

-          Hagamos un trato. Consigue que Tomás se parezca a Matusalén, herede los contactos, las fotos, la música, las aplicaciones y, entonces, me pienso intercambiarlo por tu móvil que, por cierto, me costó una fortuna y ya lo tienes bastante perjudicado.

La pequeña Taboada picó a una velocidad supersónica y no tardó ni cinco minutos en conseguir recobrar a Matusalén con su nueva morfología.  Recogió su habitación, ordenó la ropa y colaboró con la cena, pero cuando llegó el momento álgido y final de las negociaciones, la tirana que habita en mí, se negó a realizar el canje en base a la autoridad que me compete.

La cara de mi hija se incendió como bombona de gas, las pestañas chispearon y, con un molinete torero, se fue a la cama mascullando palabrotas que, como estoy sorda, traduje en base al eco de la segunda conjugación verbal: er de joder.

A Tomás todavía no acabo de comprenderlo.  Si quiero responder una llamada, cuelgo, si quiero marcar a mi hermana, aparece Nuria, si es a Nuria, contesta mi hija.  Tengo cinco pantallas abiertas de sopetón y no sé ni cuándo las tecleé en el menú, borrar el caché es una aventura, los selfiees se me acumulan con fotos en las que aparece una parte de mi ojo y otra parte de la nariz porque la cámara se activa sin que todavía sepa cómo, las búsquedas de hhhhhh, pdrirfdad o mzdiec,.mdidri en el google se producen de continuo, si quiero bloquear la pantalla el volumen se sube y, si quiero bajar la voz, la pantalla se bloquea…

No he llegado al límite de la desesperación total como para pedirle a mi hija que me ayude con Tomás después de mi traición, pero estoy por empezar a rumiar los próximos puntos de negociación en aras de mejorar la relación con el nuevo ring ring.

Buen rollito, haré uso del buen rollito.

Sin sorpresas o traiciones…

Lo juro…

 Almudena T.