ME VUELVO A LA CAMA

Cada día, si lo miramos bien, hay anécdotas que contar por tontas que sean.  La rutina no siempre es la misma aunque lo parezca.  Por ejemplo, el martes, suena la alarma del móvil y el subconsciente pulsa el ring ring off para dejarme dormir al igual que hacía mi madre cuando tenía edad escolar y venía a despertarme:  Corazoncito, son las siete pero si tienes sueño no vayas al cole…  Pues eso,acabo de descubrir que mi teléfono tiene reminiscencias maternas y soslaya la responsabilidad del horario laboral con el amor de sus circuitos.

Media hora más tarde brinco sobre el colchón y corro cual atleta a la ducha, radio Alsina, el café y el barniz cubre cara ¡me he-dormido! para acabar en la cama de mi hija que ni parpadea cuando meneo su hombro.  Cambio de táctica y le doy un beso que nunca falla porque tan pronto lo nota me empuja para echarme fuera.  Ni por esas… sigue catatónica bajo el edredón. Agarro su brazo, lo levanto y lo dejo caer: ¡plof! está anestesiado.  Insisto con achuchones y, por fin, gira la cara:  Mami, no puedo abrir los ojos. He dormido fataaal, me duele la garganta, tengo mocos y no tengo fuerzas… Brota mi instinto preocupación y pregunto por qué no me ha despertado para entregarle un chute de jarabe.  ¡No! – dice algo más despabilada – si lo intenté, te lo prometo.. fuí a tu cama y te toqué varias veces pero roncabas y ni te enteraste…¡Glub! ¡Glub! exhala la laringe, el primero por el complejo de mala madre y el segundo por lo de roncar turbando la vergüenza.

Toco su frente y, aunque está fría, la culpabilidad se impone para ordenar con energía:  ¡Amor! ¡Hoy te quedas en casa!.

Salgo en busca de Manolito y arranco el motor contándole de los malos rollitos acumulados como si fuera mi copiloto en lugar de un cuatro ruedas con inteligencia cero.  Ficho en la ofi y saludo al boss que me espera para desayunar sus magdalenas conmigo.  Comentamos las noticias de la journée y vuelvo a desaparecer para acudir a mi cita con el manitas de oro que endereza mi columna.

En la calle aprecio el próximo desastre de la mañana: no llevo camiseta de tirantes y, sin ella, a ver cómo mi amigo fisioterapea los dorsales.  Hurgo los letreros de escaparates para ubicar un Chainachop de emergencia: Farmacia, gimnasio, concesionario de bugas, portales y garajes.. nada, ni un solo asiático por el área.  Sigo adelante y entro en el portal meditando posibilidades que me resuelve la recepcionista entregándome una bata azul, atada por detrás y de papel que transparenta el top y las bridgets sin ningún tipo de miramiento hacia el rubor que desdeña mi no-sentido del ridículo. Entro en la sala con paso triunfal y saludo al tendido con un Buenos días Deteriorados que no escuchan porque lo digo con la barbilla inclinada sobre el montón de ropa que me he puesto de parapeto.

Mi manitas de acero se acerca y le explico el último desatino de una mañana de mayo que debería erradicar con saña: ¡olvidé la camiseta! Este fisio es un sol y me entrega una toalla bidé para cubrir el papiro blue.  Estudio la tela: si la coloco en vertical oculta el tetamen derecho pero no las bridgets, si lo hago en horizontal tengo que elegir o los montes Urales o el triángulo de las Bermudas.  Le doy las gracias y se la devuelvo: no hace falta, simpático miope.

Me tumbo bocabajo en la camilla rodeada de cortinas para evitar el escrutinio de mis paisanos.  Desanuda el lazo y comienza a clavar los dedos como un rodillo desde la nuca hasta la cordillera europea.  Desliza las bridget para continuar por la altiplanicie al descubrir las rocas de mis contracturas.  Ya está: me encuentro en pelota picada al servicio de su profesionalidad.  Agarra una pierna, la otra, oprime, clava, frota y susurra: tu grita, no sufras, grita que no pasa nada.  Reitero mi deducción: este hombre es un sol.

Quince minutos después me ayuda a incorporarme y bajo al suelo cual Quasimoda en la Nôtre Dame de los averiados.  Mi manitas de acero me ata la bata y me da una palmadita en el hombro: mañana más y mejor.

No sé cómo tomármelo, si estaré mejor porque me sentiré más blanda o será mejor porque va a incrementar el level de la tortura a cien grados Celsius en la gráfica del dolor, pero una cosa si que tengo muy clara:  Mañana me traigo la camiseta, un cinturón de castidad y la armadura del Quijote.

Ea..