PÁNICO ESCÉNICO

He recibido una invitación, programa incluido, de la libería Capali de Torrejón de Ardoz para colaborar con ellos el 22 de abril, día del libro.

Mar Tejero, la responsable del evento, es un amor y el local una preciosidad pero haber aceptado hablar durante media hora está arrasando el apetito, el sueño y la respiración. Desde aquí proclamo el pánico escénico ante mi inutilidad para sentarme en una mesa y dirigirme a la audiencia si ésta agrupa más de un interlocutor que no sea familia o amigo. Tengo la voz constreñida y la tripa voladera además de freir al reloj con órdenes para que aplace el giro de las agujas. 

Se lo cuento a Isabel y me expele unas cuantas reflexiones sobre la energía necesaria para hablar en público que ella tiene y a mí me falta.  La López es un crack que seduce hasta los ladrillos con sólo mirarlos y, si yo tuviera una red de contactos con poder, elegiría uno para proponerle contrato indefinido como conferenciante en cualquier asunto de índole social y comprometido con las mujeres.  Lástima no tener placa de directora en la puerta de un despacho, consejería asuntos benéficos para la salud mental, con una agenda de subordinados prestos a obedecerme con un chasquido de dedos:  ¡Abelardo! Titula el salón de actos con el nombre de Isabel López Garcés y programa con la dama charlas de una hora, lunes a viernes. ¡Celestino!, redacta acuerdo de XXX euros para pasar a mi firma hoy antes de las 7. ¡Casimiro! A ti te encargo nota de prensa, convocatoria y publicidad… Puestos a seguir, puedo prometer y prometo que mi cincuenta por ciento en Mujer Aquí-Ahora sería trending topic con el Papa en lista de espera para aprender a captar cristianos entre sus filas.

Nunca he sentido interés por delatarme en público, ni siquiera de niña cuando la maestra decía que levantara la mano quien quisiera leer en alto.  La mía se escondía en la cajonera y de allí no salía hasta que la pelotilla de turno empezaba el libro con su voz modulada y cantarina.  Más tarde, en la Universidad, buscaba el último asiento para invisibilizarme de cara a los profes aunque esto conllevaba sentarme con la pierna doblada, si quería ver el encerado, y soportar a los charlatanes cuyas conversaciones rondaban alrededor de de la pedagogía del amor a los 18 años.

Empecé a trabajar con niños y descubrí que me había desviado de la senda perfilada por mi destino al que estaba abocada desde mi nacimiento. El título de maestra lo tengo pero también la certidumbre de haber errado mi camino desde el momento en que tuve que ejercer de educadora con niños de 7 años durante el mes que duraron las prácticas y mi programa de clases se asentó en juegos, bailes, canciones y cuentacuentos dejando el plan de estudios aparcado en la papelera de la entrada.  El centro se comportó con gallardía y no me puntuaron ni para bien ni para mal, lo cual fue todo un detalle..

Cambié de oficio, pues, evitando el escaparate al público aunque, dada la imagen que tengo de comerme el mundo, propuestas no me faltaron para presentar, hablar o, incluso, leer la carta de San Pablo a los Corintios en la boda de un amigo a quien todavía no le he perdonado la encerrona a la que me sometió nada más llegar a la iglesia con mis zapatos de tacón y mi vestido de tul.  TU LEES, y yo leí, claro, pero acordándome de sus muertos.

Esta mañana, al recordar el evento Capali, he sufrido un vahído laboral que me ha tumbado en el sofá de mi jefe.  Mi colega de la izquierda se ha apresurado a venir con un vaso de agua por si tenía que arrojármelo a la cara, la de la derecha con otro de Coca-cola y la enfermera con la silla de ruedas por si había que llevarme al hospital.  En diez minutos el despacho se ha llenado de compañeros afectados por mi estado vertiginoso mientras yo, en pseudo estado de embriaguez, me inquietaba por la frontera del pantalón que había sufrido un desprendimiento hacia las rodillas al tirarme en plancha sobre el cuero de los cojines rojos. El primer pensamiento coherente ha sido preguntarme cuál de las Bridgets (de bragas Bridget Jones) me había puesto esta mañana, si la beige, la blanca o la de uso para casos excepcionales, el segundo si habría un alma femenina y generosa que cubriera las posaderas expuestas con cualquier chaquetón de Manila y, el tercero, ya en estado de desfallecimiento total: ¡Vamos, Tabo! Al fin y al cabo..¿Qué son unas bridgets decorando un trasero oneroso y respingón?

He tragado pastilla y recuperado la cordura, el aliento y el equilibrio. He llamado al doctor de la oreja que insiste en revisar los otolitos con un nuevo escáner para comunicarse con Menier y decidir cómo solucionar esto de viajar en barco cuando estoy en tierra firme.  Capali no es responsable del balanceo, ni del pantalón-rodilla tampoco – dice con tono paciente-colega –no te tires de la moto que tu problema está en la conexión cortocircuitada entre nervio, tímpano y huesecillos. Lo demás son pamplinas  

Tiene razón. Me beberé un vino antes de entrar en la librería y, cuando llegue el momento de hablar frente a los espectadores, miraré a mi hija y pensaré en lo que me acaba de decir esta tarde:

-          Mami, si a ti te gusta que yo vaya, estaré allí contigo.

El sábado sale…

 

Almudena T.