EL DÍA DE LOS LIBROS - BYE BYE PÁNICO ESCÉNICO - Almudena T.

DÍA DE LOS LIBROS – LIBRERÍA CAPALI TORREJÓN DE ARDOZ

 

Isabel, su hija Itaya, mi hija y yo fuimos a celebrar el día de los libros con la librería Capali a pesar del pánico escénico sufrido por mis fibras nerviosas.  Llegamos puntuales a recoger a las López pero no encuentro el GPS en mi super-mega-tonto-móvil y me pongo a descargar aplicaciones de tom tom como una posesa (hoy he desinstalado cuatro).  Escribo calle Nápoles – Torrejón en distintas versiones y el Ge-je-je-Por-aquí-no-Sé me dirige a Radio Taxi, Australia o un enlace yanqui con un Traduzca esta página que, por supuesto, rechazo.

Entrego el celular a mi hija que, como buena tecnóloga de aparataje sin instrucciones, topa con la señorita indicante y su timbre repolludo para señalar kilómetros, salidas y rotondas en un plis plás. Arranco y salimos hacia el evento, Isabel feliz y tranquila, Itaya preparando Tablet-fotos, mi hija y sus billones de selfies y yo con párkingson en el hueco que dejó el bazo, extirpado después de un accidente.

Llueve sin cesar en el parabrisas y en el corazoncito de Mar y Antonio, dueños de la librería, al no poder festejar el día bajo el aire primaveral de la calle.  El local es pequeño pero cálido y flexible para acoger a todos cuantos por allí se acerquen con el afán de compartir el embrujo de la lectura común y cómplice de corrientes aunando los sentidos. Hay un pianista, guitarrista y charro mexicano creando lazos con música entre texto y texto, una bandeja de sándwiches, tortilla pensada en la López y una botella de vino para desanudar el apretón de vergüenza que procesan mis tripas.

Empezamos con poesía, luego cuento, boleros e Isabel con la energía de su personalidad para que, en un segundo, el grupo de desconocidos-conocidos-amigos rompa definitivamente la presa de nuestras barreras y consolide el ambiente en un único planeta donde todos fluyan en la misma dirección.

Me lo ha puesto fácil, muy fácil porque, cuando me llega el turno, con mi niña mirándome al otro lado de la habitación y la ayuda de Baco en el entramado cerebral, consigo danzar con la sombra de mi bailarina.

Detrás de mí, Pilar MBA y Sergio Pardo continuaron la senda abierta por Alba, primero, e Isabel después. Los vínculos ya estaban creados, la magia, calma, la sonrisa fácil y la alegría también. Soy algo bruja y, aunque los racionales cuestionen mi chaladura, sé que el espíritu de Cervantes, harto de tanto homenaje, se mezcló entre los Capalinos con su quijote en la mano y la satisfacción de complacer su alma con un puñado de escritores-lectores embriagados por los libros.

La López tiene razón: leer es fascinante, cautivador y terapéutico. Abre caminos inimaginables, agrieta los muros de nuestros miedos, límites o frustraciones, libera el foco de la soledad y, con el tono mudo de sus letras, derrite el hielo de nuestras tristezas.

La señora del tom tom no volvió a lucirse en la pantalla de mi super-mega-tonto teléfono cuando tomamos el coche para regresar a Madrid.  Mi hija la buscó y rebuscó entre las aplicaciones y no hubo manera de que se presentara ante nuestros cuerpos somnolientos. Torrejón debe tener su punto pero, a las doce de la noche y, después de circular por una calle prohibida, girar tres veces en la misma rotonda, y llegar al final de una vía cortada para no hallar el cartel señalando la autopista, ese punto sex appeal de la localidad, como que no lo apreciamos.

A las dos de la madrugada, la López y yo seguíamos messengeando propuestas para publicar fotos, vídeos o comentarios en el face o blog. Somos así de saladas, muertas de sueño, si, pero siempre dispuestas a disfrutar y vivir la nebulosa de una red que estimula la bravura en el universo de nuestra creatividad.

Gracias Capali. Gracias a todos los que formásteis parte de una tarde deliciosa.

Nos vemos el año que viene.

 

 Almudena T.