LA ABUELITA "PAZ"

 

Mujer de mediana edad acude al supermercado habitual con la lista de la compra en el bolsillo del gabán francés que compró en las rebajas de unos grandes almacenes.  Berta es muy sociable y parlanchina a poco que le den pie para soltar la lengua dónde, cómo y con quien sea.

Es sábado y toca empujar el troller por los pasillos de carne, pescado, embutido, pan y lácteos sin saltarse una línea del papel garabateado con prisas.  Suma etiquetas para hacer un cálculo global de lo que tendrá que pagar, añade un par de productos con el por si acaso no queda en la despensa y se dirige a la Caja con la satisfacción del deber ama-de-casa cumplido. Cuando llega su turno empieza a colocar los objetos en la cinta transportadora mientras observa cómo la señora que le antecede, unos setenta y muchos años, bien peinada y de aspecto cuidado, guarda la lata de sardinas en aceite que acaba de comprar en su carro.

La cajera inicia la circulación de las nuevas viandas por el lector mientras la abuelita se gira hacia Berta para preguntar si no cree que los precios han subido una barbaridad en el último mes.  Le habla de su nieto que acaba de terminar la carrera y no encuentra trabajo, del dolor de huesos que sufre con tanta lluvia, de la Navidad que se acerca y de lo que mucho que Franco se horrorizaría si resucitara y viera cómo habían dejado a España los políticuchos de ahora.

Berta responde con alegría sin enredarse en cuestiones políticas y, por fin, tras un gesto de despedida, la señora se encamina a la salida empujando su carrito con las dos manos apoyadas en la barra. Mi amiga paga la factura y hace lo propio abandonando el súper en dirección a su casa.  Entra en la cocina, levanta la solapa del contenedor con ruedas, saca el kilo de azúcar, la leche, el paquete de sal, los huevos y los botes de kétchup. Se inclina hacia el interior del saco, introduce el brazo y pasea la mano por los límites del recipiente: vacío. Toma el ticket y puntúa alimentos: Filetes de pollo.. ni uno. Carne de ternera picada: Cero. Bandeja de nabo, zanahoria, puerro, hueso de jamón para caldo: Ni el cartón. Kilo de arroz: un fantasma. Caja de calamares congelados: ni el hielo. Bolsa de naranjas de zumo: ni rastro… Berta hace memoria con la incredulidad oprimiendo la glotis: ¿Se lo habrá llevado la abuela?

Mi amiga se pone el gabán, toma el bolso y regresa al súper con el rojo natural de la sangre tapizando los mofletes. Irrumpe en la caja y pregunta a la señorita con la voz sofocada:

          Hola Encarnita (se conocen..). Acabo de pagar 80.53 euros por azúcar, sal, huevos, kétchup y leche porque el resto de lo que aparece en el ticket se ha volatizado. ¿Me vas a contar que tenéis un agujero negro en la cinta?

Encarnita arquea las cejas y contesta:

    • El agujero negro del que hablas se llama Speedy Gonsáles.

    • Me estás tomando el pelo..

    • Sí, bueno, no…. Quiero decir, Speedy es el mote que nosotros le hemos puesto a la anciana que se adueña de la compra de los que, como tú, dais pábulo a sus historias mientras ella va llenando su carro con vuestra comida. Vamos, que se alimenta gratis por una temporada.

    • ¿Y no se puede hacer nada?

    • Si, ir a la comisaría, denunciar, pedir que se revisen las cámaras, descubrir cómo roba las bandejas, etc etc etc.  Y, como a todos os da pena..

    • Y pereza – interrumpe Berta

    • Y pereza – continúa Encarnita – pues a lo tonto a lo tonto, esta mujer se está nutriendo con vuestra generosidad.

Berta despierta del shock y prosigue:

    • ¿Y qué hago ahora?

    • Compra empanadillas que están de oferta. Te llevas dos cajas y la segunda te sale al 50% - remata Encarnita – Están buenas. Yo las he probado y están buenas.

    • Vale – acepta mi amiga – Me las llevaré, entonces

    • Las tienes en el pasillo de la derecha al fondo

    • Gracias... pero, por casualidad, ¿tú no vivirás en Móstoles, verdad?

    • Anda, pues sí

    • Me lo imaginaba, Encarna, me lo imaginaba..