RELACIONES HUMANAS

Nada hay más complejo que las relaciones humanas cuando se confía en la bondad innata porque cuesta creer que los “malos” existan.  A veces pienso que las personas somos como productos de un escaparate comercial y, al mismo tiempo, el peatón que las contempla al otro lado del cristal. Puzzles de piezas ensambladas que nos sorprenden o maravillan, repelen o inspiran nuestra indiferencia para continuar caminando sin volver la vista atrás porque no merece la pena dedicar un segundo a aquél o aquella que no entrega más de lo que ya poseemos por nosotros mismos.

En el atolladero de la vida nos cruzamos con cientos, miles de seres a los que nos cogemos de la mano o apartamos cuando su apego se convierte en un fardo de piedras demasiado pesado en el saco de nuestros sentimientosConozco personas enormemente negativas que, inconscientes de su autodestrucción, tratan de comprar el afecto desde lo profundo de su victimismo y otras como rayos de luz incombustibles frente a traspiés o barreras que franquean con los muelles en los zapatos de su optimismo.

Hombres con sensibilidad tradicionalmente asociada a la mujer y mujeres con impronta del carácter propiamente masculino, especialmente, si ocupan cargos de poder y necesitan o creen que deben demostrar tiranía para evitar que las tilden con la burla machista de una sensiblería típica del género femenino. No creo en generalidades ni etiquetas que describan códigos asociados a señores o señoras como tampoco en estructuras mentales donde colocar a los seres humanos como peones en un tablero de ajedrez.  No creo en principios inamovibles ni juramentos inflexibles porque más de una vez, cuando he tenido que enfrentarme a situaciones especialmente difíciles o, al contrario, maravillosamente excitantes, las promesas con el nunca por delante han salido tarifando por los poros de la piel.

Química o física, existe un algo intangible entre unos y otros para sentir afinidad o reservas con sólo mirarnos.  Hay quien lo llama instinto o intuición, pero al igual que algunos se rigen por cualquiera de los dos, otros viven con la cabeza encorsetada en juicios y prejuicios tan férreos que instintivamente provocan conflictos para justificar la razón de los mismos. Caracteres, temperamentos, vivencias o formas de relacionarnos porque no creo en la soledad absoluta como elección de vida y, si tuviera que elegir en qué cuadro del campo de ajedrez quiero situarme, buscaría aquél que estuviera rodeado de figuras que avanzan por el tablero con la mente abierta, tolerante y sin rencor que lastre el latido de las venas con las sombras de las decepciones.

Hace más de un año que este blog empezó a navegar por la red sin rumbo fijo porque no había más propósito que deleitarme con el placer de escribir.  En todo este tiempo he recibido infinitamente más de lo que he podido dar con cuatro o cinco renglones, a veces con humor, a veces con la libertad de un pensamiento independiente de mi intención.  Cada like, visita o comentario es un regalo inesperado, sorprendente y estimulante en el que me refugio cuando la cotidianidad me ahoga.

No calibro quién, cómo o de qué forma reaccionan los invisibles que no pulsan el pulgar hacia arriba o escriben una frase en la página de comentarios. Me basta saber que tantos unos como otros están allí como figurillas de un tablero de cuadros sobre el que bailo con los pies ligeros de tristezas y las manos llenas de alegría.

 

Almudena T.