LO QUE DE VERDAD IMPORTA

Mi cumpleaños se despertó con la llamada de mi amigo José Manuel para felicitarme a las ocho y media de la mañana. Supuse que estaba en la oficina y que su control del horario era diferente del mío puesto que estaba de vacaciones y a esa hora yo todavía suelo continuar de paseo con Morfeo.  Disimulé la voz somnolienta con un par de carraspeos y agradecí el afecto que me entrega desde hace más de treinta años. Colgué y poco después fue una comercial de la compañía de gas para ofrecerme el oro y el moro, en descuentos centesimales, de una tarifa por la que había reclamado en aras de suavizar el importe desproporcionado de la factura.  Mientras hacía su alegato, el sonido de su voz se interrumpía con el repiqueteo de amigos y familiares tratando de conectar conmigo hasta que me preguntó si tenía algún problema de cobertura.  Le expliqué el motivo y me felicitó con tanta efusividad que acabamos hablando de su perro, la mía, el calor, el teletrabajo, las vacaciones en confinamiento voluntario y, por último, la ganancia que iba a suponer el descuento en céntimos de un recibo que me enciende la sangre cada vez que leo: consumo: 17 euros, total: 70. Se despidió deseándome lo mejor con una honestidad que me dio que pensar en un vínculo tan sorprendente e inaudito entre teleoperadora y cliente cuyas vidas personales se han cruzado por la celebración de un aniversario que humaniza la frialdad de un puñado de cifras.

Lucas fue el siguiente de una lista de nombres, españoles y extranjeros, con voces y mensajes ahítos de amor con los que fumigar las preocupaciones del día a día con su equipaje de camisetas que zurcir con la aguja de mi constancia. Y sí, puede que sea difícil, a veces muy difícil, sortear los contratiempos contemplando el vaso medio lleno, pero basta un día, una fecha de aniversario, para recordar que no hay nada mejor que la caricia de mis seres queridos en el corazón alborotado, para que éste minimice sus temores.

He conocido, y conozco, gente que, aparentemente, tienen todo en su vida: trabajo, salud, dinero etc etc etc y que, sin embargo, escupen acritud por la boca de sus decepciones.  Chavales que rabian sin control a pesar de lo que, se supone, poseen en el ámbito familiar. Hombres y mujeres con el ceño perennemente fruncido y los puños apretados, envidiosos de lo ajeno porque han desviado su atención de lo que en sí mismos contienen; jueces implacables que, adivino, encierran la soledad en el pecho que grita que los quieran, simplemente que los quieran; almas con la luz apagada porque los bombones que la vida les ha servido estaban rellenos de licor amargo.

Cada uno establece su lista de prioridades en las que colocar lo material y espiritual en el orden elegido y confieso que, en mi caso, y a menudo, desvirtúo la escala para poner en primer lugar un premio de lotería que me permita cumplir la interminable lista de deseos liderados por una casa en la playa y billetes de avión para abrazar a mi familia mexicana a quien tanto quiero y extraño. Sin embargo, en un día tan tonto, como es el cumpleaños, mi cajón de papeletas con el euro pintado en la cartulina se reduce a un montón de virutas que, además sé al ciento por ciento, quedarán arrinconadas cuando la parca venga a mi encuentro para recordarme que sólo podré llevarme el amor de mi gente en el morral de la conciencia.

Lo que de verdad importa, lo que mueve el motor de este loco planeta, lo que a todos nos hace mejores no es tangible, no se palpa en una tarjeta de crédito ni en la carrocería de un coche; lo maravilloso de esta vida que nos toca vivir reside en la inmensidad de un puñado de emociones que reflejen el amor mutuo, la alegría de compartir instantes fugaces en un intercambio de palabras, la ternura de un beso, el calor de un abrazo y la certeza de que, pase lo que pase, siempre habrá alguien en quien apoyar la cabeza para tomar aire y empezar a caminar con ligereza sobre el camino de piedras.

Me siento enormemente agradecida por cada segundo que me ha tocado vivir acompañada de tanto afecto.  Hay quien me dice: te lo mereces pero no es cierto, no se trata de merecer o no merecer, es mucho más sencillo que eso, es buscar en el interior de cada uno y saber que no hay nada feo que tamice el brillo del cariño recibido.

Gracias a todos los que formáis parte de mí y, gracias a mi niña que me regala cada día el roce de su piel morena con la ternura infinita de un te quiero, mami que siempre me sabe a gloria.