LA NO-BODA DE LOLITA

He llamado a Sara tan pronto me enteré por mi hija que Lolita quería casarse con su churri el próximo verano.  Al borde del infarto, decidí que tenía que haber un error y que la afirmación era el resultado de un desvarío de la imaginación portentosa de mi adolescente cuando se ha tragado unos cuantos capítulos de series románticas con promesas repolludas de amor eterno, tartas de merengue y beso final con o sin sacerdote oficiando el enlace.

  • A ver, Sarita, ¿Qué es eso de que Lolita se casa? – ametrallo a poco de escuchar el Hola Taboada con el que me saluda

  • ¿Te lo ha contado tu hija?

  • En cuanto ha entrado por la puerta

  • Ya – se ríe – Lo imaginaba…Te estoy viendo taquicárdica y pensando en desempolvar la pamela de tu madre.

  • No tanto, pero casi…

  • Calma, Taboada, calma que no van por ahí los tiros aunque reconozco que a Ricardo y a mí nos dio un patatús cuando nos dijo que le iba a pedir casamiento a su novio el día de San Valentín.

  • ¿Casamiento? ¿De dónde ha sacado esa palabra tan cursi?

  • De un culebrón al que se ha afiliado en el Youtube y que la tiene encandilada.

  • Bueno, al grano, ¿En serio le va a pedir a Guillermo que se case con ella? ¿Os está vacilando?

  • Que no, Taboada, que no.. que nuestra Lolita se nos ha hecho muy reivindicativa sobre la modernidad y dice que eso de pedir la mano a la chica es una absoluta gilipollez, que hay que cambiar las costumbres porque estamos en el siglo XXI y ya basta de que sean los varones quienes tomen la iniciativa, vamos, que es ella la que le va a pedir a él que se casen y no al contrario

Me río

  • ¿Arrodillada y con un anillo de diamante?

  • Taboada, tú también ves muchos culebrones… enfín, esta es la historia.  Nuestra querida Lolita, ha decidido celebrar una no-boda vestida de novia, en el jardín de su abuela y con un  ágape que incluya tarta de nata y florituras – me atraganto con la saliva y toso – A ver cómo te lo explico porque ni siquiera Ricardo o yo nos hemos enterado muy bien. Lolita dice que le va a pedir casamiento y que, como está segura que va a decir que sí, van a invitar a padres, hermanos, tíos, primos y unos cuantos íntimos (ha calculado unos 120 asistentes) a una fiesta en la que no habrá cura, ni concejal, ni mesa, ni Biblia, ni certificados ni nada de nada porque ni piensa hacer papeles ni, mucho menos, vivir juntos porque él es un desastre que todo lo deja por medio

  • Sara, ¿me estás hablando en swahili?

  • En cristiano, Taboada, en cristiano pero espera que acabe. Una vez soltó la bomba y, superado el impulso de llevarla a Urgencias psiquiátricas, le pedimos ayuda a Kike, que gracias a Dios nos ha salido muy listo, para que investigara si su hermana se había hecho fan de alguna de esas influencers que se forran a base de contar lo que hacen como si fuera el descubrimiento de la penicilina (Taboada, empieza a mirar qué talentos tienes para fundar juntas una web que potencie nuestra sabiduría para hacernos millonarias: recetas de maduritas con experiencia para resolver los avatares de una vida perturbada por las fatalidades del destino, por ejemplo) 

  • Muy largo, Sara, pero déjame que lo piense y lo miramos – me río – pero ahora vamos a lo que vamos, ¿Boda o no Boda?

Resopla

  • Nuestro agente secreto, que por cierto nos cobró siete euros por el trabajo de espionaje, confirmó que se había puesto de moda celebrar una fiestuki de parejas, con propósito lejano de matrimonio, como anticipo al enlace futuro y a costa del presupuesto de los padres encantados de participar en el evento.

  • Dime que Ricardo y tú no vais a formar parte de ese grupo de pardillos

  • Si, no, si, no

  • Sara, no me líes

  • Una vez dominado el patatús, y con el resultado del estudio de averiguación de nuestro amado y usurero hijo pequeño, Ricardo y yo hicimos cónclave en la cama y decidimos que lo mejor era seguirle la corriente para evitar encontronazos dramáticos tipo: no me entendéis, soy una desgraciada etc etc etc.  que nos ponen a mil y hasta que llegue el momento, si es que llega, en el que negarnos con una batería de excusas i-ne-lu-di-bles.

  • ¿Por ejemplo?

  • No hay local, demasiadas Comuniones y Bodas tradicionales, el país está en crisis y nos han bajado los sueldos, los sándwiches están muy caros y las fábricas de patatas fritas de bolsa han quebrado.

  • No entiendo, ¿Qué tienen que ver las patatas?

  • Taboada, que nos hemos adelantado y, cuando le digamos que no hay ágape, responderá que no importa y que podemos comprar bolsas de aperitivos que sale más barato

  • No cuela, Sara, no cuela

  • Vale, pero entonces recurriremos a la educación tradicional y le diremos que no hay fiesta por el artículo treinta y tres de la paternidad responsable y autoritaria que nos otorga la partida de nacimiento con nuestros apellidos.

  • Presiento tormenta

  • Espera que no te he contado lo mejor. Resulta que Lolita necesitaba un anillo de pedida y, como no tiene un céntimo, nos pidió ayuda para comprar una alianza con piedra reluciente.

  • ¿Una de verdad?

  • No, hombre no, una del Todo a Cien pero que diera el pego.  Ricardo le dio 5 euros y la envió a la calle de la que volvió muy compungida porque no había ninguna convincente a pesar de haber recorrido todos los bazares del barrio

  • Qué raro, a mi hija le compraba de esos cuando era pequeña y quería parecer mayor.

  • Bueno, a lo que vamos, el caso es que fue a su padre, que es el blando, para pedirle ayuda porque segurísimo que podría encontrar el súper anillo en una tienda de plata en la que pagar un poquito más, vamos, sólo un poquito más y así ella se sentiría feliz y dejaría de aburrirnos con sus monsergas.

  • Se llama chantaje

  • Espera, espera, que ahora viene lo más raro.  Ricardo es tierno pero no tonto y le dijo que ni hablar del peluquín aludiendo a la evolución de las especies y cómo estaba contemplada la erradicación de pedida de mano, con piedra preciosa, en aras de proteger el planeta para hacerlo sostenible

Suelto una carcajada

  • Sería capaz de soltar ese rollazo

  • Es lo que tiene mi marido, que cuando se pone repollo, se pone. Pero, espera, que ahora viene lo mejor – toma aire y prosigue – Visto lo visto, Lolita se encerró en su habitación y se puso a redecorar los muebles tirando toda la ropa al suelo. Ordenó, clasificó y se subió al altillo para guardar la caja de lo que le recordaba lo poco que nos importaba su felicidad, o lo que es lo mismo, las camisetas de Tus padres han estado en Benidorm y se acuerdan de ti.

  • ¿Benidorm?

  • Taboada, espabila, me refiero a los souvenirs de los viajes

  • ¡Ah! Perdona. Sigue

  • El caso es que, de pronto, oímos cómo bajaba la escalera a saltos, abría la puerta de un golpe, entraba en el salón y gritaba:  ¡Mirad! ¡Mirad!! Enseñándonos un anillo feísimo con un simulacro de esmeralda – Mamá, lo he encontrado atado con un nudo en los flecos de la manta de sofá que guardaste porque estaba desteñida.  ¡Es perfecto!

  • Pero, ¿era vuestro?

  • ¡Qué va! Eso es lo más raro, para empezar tiene el tamaño del dedo de un señor, ni Ricardo ni yo lo habíamos visto jamás, Kike tampoco, naturalmente, el gato mucho menos aún

  • ¿Entonces?

  • Ahí está el misterio, Taboada, en que no tenemos ni puñetera idea de quién ha atado esa cosa en los flecos de una manta que quité de enmedio hace años. Te doy mi palabra que no sabemos ni de dónde ha salido ni cómo ha llegado hasta allí.

  • Estás tomándome el pelo

  • Te juro que no.

Suelto una risita

  • ¿No tendréis al fantasma de Celestina durmiendo en casa?

  • Si, ríete, listilla, ríete que te conozco y si esto te pasara a ti, ya habrías encendido cien velas contra los espíritus malignos.

  • De acuerdo, te reconozco que estaría muerta de miedo.

  • Yo también, Taboada, yo también, así que, sin que se enterara el resto de la familia, fui a la iglesia con un bote de plástico y, a escondidas, lo metí en la pila de agua bendita que hay a la entrada, lo llené y pulvericé toda la casa a la vez que le decía al fantasma: Tú a la luz, ánima descarriada, tú a la luz.

  • ¿Y funcionó?

  • No estoy segura pero creo que sí porque he leído en internet que se nota cuando un espíritu abandona una casa porque huele a jazmín.

  • ¿Y?

  • Pues eso, que compré un difusor de esencias con olor a naranja para autoconvencerme de que se había pirado.

  • Eso es trampa, Sara.

  • Lo que quieras pero si tengo que elegir, prefiero atufarme con un ambientador que pensar que tenemos un espectro de intruso.

  • Bueno, si lo miras por el lado positivo, os habéis ahorrado los cinco euros del anillo.

  • Tienes razón, nos lo hemos ahorrado….quizá estés en lo cierto y deberíamos decidir en adoptarlo como animal de compañía.. al fin y al cabo, el espectro parece majo...

  • Buena idea, Sara, buena idea. Yo os apoyo aunque no pienso pisar tu casa ni aunque me invites a comer percebes. Vosotros celebrad la boda y yo te prometo asistir con la pamela de mi madre.  

  • La no boda, Taboada, que no te enteras, la no boda

Y nos reímos las dos.