BABOSOS

Indeseable baboso,

Voy a transcribir un mensaje leído en el Facebook y del que no soy autora pero que comparto por haber sido una de tus víctimas en el autobús, en el Metro, en la oficina y en la calle:

Ayer le decía a un amigo: Imagina que te despiertas en un mundo en el que todos los presidentes de todos los países son mujeres (bueno, hay dos o tres en los que preside un hombre), los líderes de la oposición son mujeres, todos los presidentes de las compañías más importantes son mujeres, pones la tele y mujeres maduras dan la información seria acompañadas, de vez en cuando, de un hombre joven y guapo vestido con un top cortito enseñando los abdominales. Las películas las protagonizan mujeres que suelen ser heroínas, jefas, protagonistas de mil aventuras, los hombres salen pero como padres o amantes de esas mujeres y hablan poco, lo que dicen no afecta a la aventura. Los dibujos animados, en general, los protagonizan niñas. La gente se refiere al género humano como “la mujer”. Todos los símbolos y dibujos genéricos de personas son con falda y pelo largo.  Los libros que te recomiendan leer en el colegio están escritos por mujeres. Los premios Nobel los reciben mayoritariamente mujeres. Cuando vas a pedir trabajo te preguntan si vas a tener hijos, ves a compañeros despedidos o relegados a peores trabajos por ser padres. Por la noche, cuando caminas solo, grupos de mujeres te llaman guapo mientras se ríen a gritos, también te dicen otros piropos más desagradables. Tu jefa te llama cielo, chato… ves en las noticias que todos los días violan a varios hombres, que muchos hombres son acosados por sus jefas y que, varias veces al mes, alguna mujer mata a su marido. Entonces, un grupo de hombres os organizáis, os manifestáis pacíficamente pidiendo igualdad, que todo cambie, que no haya asimetría, y las mujeres te contestan que ya hay igualdad, que estás exagerando, que eres un radical, que ya podéis votar, trabajar, que somos iguales, que este año el éxito de taquilla lo protagonizaba un hombre, que estás agobiado con tanta reivindicación y que pareces un nazi con tu intransigencia…

¿Te burlas? Seguro que sí desde ese podium al que te has subido con la condescendencia en la mueca de tu sonrisa.  Quizá culpabilices al alcohol o las drogas de tu comportamiento porque tú, baboso, tú, no eres para nada machista, tú quieres a las mujeres, las respetas y veneras aunque a veces se te escape la mano para rozar su pecho, los glúteos o la lengua para emitir un chorro de palabras bonitas que ella, esa desconocida con la que te cruzas, ni te ha pedido ni ha provocado con la curva de su escote. Crees tus propias mentiras acerca de tu defensa por una igualdad en aras de quedar bien frente al entorno femenino que barruntas batallador contra la prepotencia de individuos como tú porque, el otro, el de mujeres que justifican vuestro comportamiento con argumentos endebles, es un campo abonado por el que os desplazáis como niños suplicando perdón a la mamá que consiente y disculpa lo inexcusable.

Avergonzáis a los hombres de bien, aquéllos que os repudian con la rabia circulando por sus venas y no porque son hijos, padres o hermanos de mujeres a las que despreciáis, sino porque han aprendido a evolucionar el intelecto por encima de doctrinas patriarcales, de una educación en las que se les exigía ser el protector de un sexo débil que resultó ser el más fuerte al tener que sobrevivir, durante siglos, a la dominación de trogloditas con cerebro en los testículos.  Hombres con inteligencia y sensibilidad suficiente para situarse en la piel de una mujer que ha sufrido, y sufre, el azote de vuestra baba incendiando las pupilas.

Os guste o no, poseemos identidad al margen de vuestra hegemonía, tenemos libertad de pensamiento, orgullo, ambiciones y deseos como cualquiera, no somos objeto de decoración ni un vaso de cristal al que podáis estrellar con la ira de vuestras frustraciones.  Queremos hombres que nos complementen, no deidades, compañeros, amigos o amantes que aprecien lo que hay por detrás del escaparate porque no somos tacones o etiquetas, maniquíes o jarrones con falda, bibelots o figurillas de un guiñol que manejar a vuestro antojo. No penséis que acechar, acosar o follar a costa de la resistencia femenina es doblegar su identidad, porque puede que salgamos heridas pero nunca, escuchad bien, nunca alcanzaréis la victoria de arrebatarnos nuestro bien más preciado:  la dignidad.