GRACIAS

Diciembre de 2016

 

En enero celebraré el primer aniversario de la inauguración del blog cuya andadura se inició en colaboración con Isabel López Garcés y continuó conmigo como única directora de orquesta a mediados de verano cuando Isabel decidió retirarse del proyecto.

En todo este tiempo, he publicado más de ciento veinte textos escritos sobre el torbellino de recuerdos y vivencias con las que convivo; historias con unos cuantos grados de verosimilitud y otros tantos de fantasía en función del estado de ánimo con el que me encuentre y que condiciona la trayectoria del relato bien hacia el humor, vehemencia o dramatismo según el color que aparezca en el baremo de mis sentimientos.

Escribir no sólo es un acto de desinhibición más o menos disimulada, también representa una terapia contra el ejército de preocupaciones que me asaltan como soldados de plomo con la bayoneta afilada apuntando las sienes.  Hay anécdotas cotidianas que me exasperan cuando me tocan la nariz y que, sin embargo, se transforman en situaciones cómicas una vez empiezo a contarlas con la risa de un emoticono dentón; otras me divierten y estimulan para correr al ordenador antes de que desaparezcan en el subconsciente pero, cuando garabateo la primera frase ellas mismas se ocultan para ceder el paso a experiencias que creía haber olvidado y que, no obstante, fueron el detonante para modificar principios que juraba inamovibles.

La web en la que tengo registrado el blog envía un contador de visitas semanal amén de comentarios espontáneos de valientes a quienes no les importa aparecer en las páginas de mi libro y, cada viernes, cuando el email aterriza en mi buzón, la corriente de afecto y gratitud que establezco con los visitantes incrementa su caudal con la fuerza del latido acelerado en el pecho.

Más de quince mil visitas en once meses es una sorpresa y un regalo para mí que no me apellido Allende o Grandes, que soy una persona anónima sin intención de saltar al estrellato de los escaparates best-sellers en las librerías de renombre, una mera aficionada a los crucigramas de letras con el pulso sentimental de la imaginación desmedida.

No me alimento con cada título que aparece en el blog sino con el cariño que percibo a la vuelta de su publicación, me crezco con cada observación, me gusta y botón que comparte el relato por la red a la que solía rechazar por temor a perder mi intimidad. Estoy agradecida y feliz con todos y cada uno de los que han pulsado el click sobre el enlace de La vida en colores, abrigada con la piel de cientos de trocitos con identidad propia que se enaltecen, lloran, viajan, quejan o ríen en la senda trazada con la creatividad de mis relatos, conmovida por la respuesta que leo en el contador de la esquina y que espolea la ilusión para que alcance la estrella más alta del universo azul.

Gracias a todos desde las tripas del corazón. No ha sido un año fácil o gratificante sino más bien guerrero y, a veces, con unos cuantos cubos de angustia taponando la garganta. Escribir, dejarme llevar por el humor o la ira, la calma o la tormenta, ha sido la mejor medicina que vosotros, todos vosotros, habéis reforzado con el cariño, complicidad, lealtad y confianza con las que habéis participado de un espacio construido con los puentes de vuestro afecto.

Brindemos por la vida con las emociones disueltas entre burbujas de champagne y porciones de un turrón pringoso de besos con ruido sobre las mejillas limpias de viejos rencores.

Felices Fiestas a todos, visibles o invisibles..

A todos