JEI: JÓVENES ENTUSIASTAS E ILETRADOS

  • Hace unos días vi una encuesta en televisión a jóvenes a quienes el reportero hacía preguntas de historia contemporánea y cuya ignorancia llegaba a rozar el ridículo de tal modo que una no sabía si reír o llorar a mares sobre los brazos del sofá. A todos ellos, a los que inician su aventura laboral con entusiasmo pero con una formación a nivel de Primaria, por favor, dudad de la veracidad de mensajes en las redes sociales y leed, viajad, abriros a la curiosidad por la vida en todos sus matices, investigad, perseverad en alcanzar metas, usad la imaginación y despertad la creatividad para lograr un éxito que perdure en el tiempo. Por vuestro bien y el de las generaciones que os sucedan. Es un consejo de madre escandalizada cuando escucha frases como ésta: A Franco le sucedió Carrillo. Justo antes de morir le dijo que quería que fuese su sucesor, y le mataron en un café. 

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Para mí que he comprado todas las papeletas de un sorteo en el que el premio gordo es topar con un JEI (joven entusiasta iletrado) a lo largo de los últimos meses de conexión con la atención al cliente de despachos y oficinas con el noble propósito de encargarles unas cuantas gestiones.  Todos coinciden en responder con un tono fresco, natural y colegueo de discoteca que aplaca mi mal humor cuando deduzco que el resultado final es:  Taboada-mejor-hazlo-tú-misma; respiran tanta alegría con su nómina paupérrima, pero con la que van a poder comprar un Iphone, interés por hacerlo bien y convicción de que su comportamiento es el top de la buena educación, que no me queda más remedio que embolsarme el resoplido y ejecutar la misión con la sapiencia que los años me regalan.

La primera JEI con la que tuve un affaire de negocio fue la señorita Pura Gómez de un despacho de abogados al que abono cantidad anual por si necesito redactar carta en defensa del consumidor que soy yo.  Poco antes del verano tomé la decisión irrevocable de cancelar mi contrato con Naturgy (impresentables) a otra comercializadora que me prometían una modalidad de facturación con el oro y el moro adscritos al porcentaje de descuento. Consciente de la trampa en el peluquín que intentaban colarme, acepté por la hartura a la que me tenían sometida los ex de Unión Fenosa con sus continuas fechorías en el deber de mi cuenta corriente.  Tan pronto acusaron mi notificación de ruptura contractual, contabilicé una media de 12 llamadas haciéndome la pelota para que no me fuera con la competencia, me pidieron mil disculpas y juraron por Snoopy enmendarse y portarse bien con un cliente tan guay como yo, pero mi agotamiento mental era más potente que el cebo de su oferta y, con las mismas, firmé el bye bye con un click online en la pantalla. Un par de meses después de nuestra separación la web de mi entidad bancaria alumbró un recibo de 120 euros con su nombre en el concepto al que apellidé Atraco Sin Disimulo. Devolví el cargo a sus dueños así como llamé pidiendo explicaciones a tres o cuatro teleoperadores que me proporcionaron una combinación de diferentes versiones la mar de entretenidas.  Visto lo visto, contacté con los abogados suscritos con el objetivo de encargar una carta jurídica de reclamación que se alejara de un lenguaje coloquial tipo: va a pagaros Rita la Cantaora, panda de sinvergüenzas. ¡Ay, mi Pura Gómez!, tan pronto le conté el despropósito, tomó apuntes y me dio un plazo de 48 horas para enviarme misiva que remitir, a mi vez, en correo certificado con acuse de recibo. Cumplir, lo que se dice cumplir, lo hizo y en un documento Word para ser editado con posibilidad de corrección (qué suerte la mía), en el que leo: … en abril de 2019 me cambié a XXXX, pues bien, ustedes me han remitido una factura en la que me quieren cobrar 120 euros por consumo lo que es extraño porque mi piso es muy pequeño y en abril ya no puse la calefacción.. seguido de unos párrafos de copy-pega haciendo referencia a leyes y normativas que dan que pensar al emisor si merece o no la pena continuar con el intercambio de yo-te-cobro-tu-me-devuelves.  Purita me llamó poco después entusiasmada con el producto de su tarea: ¿lo ha recibido? ¿Le gusta?. Carraspeé y respondí: Bueno sí, aunque he hecho un par de modificaciones en la redacción del documento para que pareciera un poco más solemne… espera que te leo : He procedido a la devolución de su recibo de 120 euros por disconformidad con una cuantía emitida en un documento carente de detalle que especifique el origen del importe así como la improbabilidad de un consumo generado en mi vivienda. Mi querida JEI no hizo comentarios, saludó y se despidió alegremente con la inconsciencia en la voz ilusionada de quien empieza su andadura laboral con éxito.

El segundo JEI trabajaba en la Cía que me cobra por los servicios prestados con el pack telefónico familiar.  Varias semanas atrás, un técnico me había comentado que los cortes de Wifi eran producidos por el nodo, con toda seguridad oxidado, de la azotea del edificio a la que había que acceder con permiso de la señora presidenta de la comunidad de vecinos.  Llamo al 123 y, después de pelearme con las opciones de un contestador automático a prueba de paciencia, me pasan con Roberto, joven decidido a prestar sus servicios con prontitud.  Le cuento del router nuevo, del hombre tan majo que apunta al techo, de la interné que va y viene en días de viento aturullado.. nada, que mi JEI está por la labor de cumplir su cometido:  No se preocupe señora Taboada, voy a acceder al sistema, no cuelgue por favor.  Musiquita, musiquita, musiquita, musiquita y Roberto de nuevo:  He hecho las comprobaciones necesarias y efectivamente hay una avería que voy a escalar al departamento correspondiente. – A ver, majete (lo pienso), esta sería la tercera avería y seguimos bailando zumba con la bombillita intermitente de la red, por favor, envíame un técnico.  – Señora Taboada – insiste el muchacho – voy a regalarle 10 gigas en su móvil para compensar – Gracias, Roberto, pero quiero un técnico – Señora Taboada, voy a realizar otras comprobaciones con el sistema – Ro-ber (no me da tiempo acabar con el to), musiquita, musiquita, musiquita – Señora Taboada, disculpe la espera, efectivamente es una avería. Voy a escalar con el departamento correspondiente (¿Habrá comido plumas de cacatúa? – me pregunto). Roberto – insisto – necesito un técnico. Señora Taboada, el departamento correspondiente se pondrá en contacto con usted por si es necesario enviar un técnico. ¿Puedo ayudarle en algo más? – tiro la toalla – No, gracias. – Le van a llamar con una encuesta valorando mis servicios, recuerde que en la primera opción puede marcar el 9 si está satisfecha. Efectivamente, llaman y no respondo. Me da pena pulsar el cero. Cuatro días más tarde contacto de nuevo con la tercera JEI: Jessica.  ¿En qué puedo ayudarle, señora Taboada? (voy a terminar soñando con mi apellido), estoy de buen humor y contesto: Señorita, que estoy soltera  – silencio – quiero un técnico para que suba a la azotea. – espere que voy a realizar comprobaciones con el sistema. Manténgase a la espera. Musiquita, musiquita, musiquita.  – Señora Taboada, veo que hay cortes en Internet pero no se preocupe que voy a escalar al departamento necesario para tramitar la avería y, como compensación, vamos a aumentar 10 gigas en cada uno de sus móviles. – Jessi, cariño, (lo pienso), señorita (digo) quiero un técnico.  – No se preocupe, señora Taboada, el departamento correspondiente se pondrá en contacto con usted para enviar un técnico. ¿Puedo ayudarle en algo más? Recuerde que van a llamarle para realizar una encuesta sobre mis servicios prestados. Que tenga buen día.  Llaman y no respondo; me da pena pulsar el cero. Quince días más tarde, y después de otros cuantos JEI, consigo que llegue el operario a las nueve de la noche. Me he agenciado una llave de la terraza con la confabulación de la conserje jurando por mi vida mantener el secreto.  El hombretón del maletín con alicates se presenta puntual. Es amigo del que apuntó nodo kaput en la azotea y viene preparado para reparar el tornillo.  Está prohibido subir de noche pero consiente después de descubrir mi cara de por favor, por favor, no me lances de nuevo al foso de los JEI, coge una linterna, subimos de puntillas por la escalera, abrimos la puerta cual ladronzuelos de poca monta, enfoca el cuadro de cables, extrae el cabezal herrumbroso, coloca el nuevo, aprieta, bajamos sigilosos a mi casa, comprobamos que funciona, abro la nevera y le regalo una lata de cerveza a la que quita la chapa a la vez que la levanta con la complicidad impregnando la sonrisa: ¡Salud!

-¡Salud! – respondo contagiada de su alegría