FILOSOFÍA FILIAL

A la pequeña Taboada le ha dado por cargar las baterías a poco que se active la alarma del móvil a las seis coma cero cero y, tan rápido como el cuco-celular canta el ring ring, arroja su cuerpo sobre el mío para taladrarme el tímpano con el mamáaaaaa, levanta que llegas tardeeeee fastidiándome el botón de repetición: insiste porque aún no estoy disponible al que me suscribo en consideración a mi condición natural del no-me-gusta-madrugar. No sirve de nada intentar perpetrarme bajo el edredón como si fuera un pez manta camuflado, gimotear a la par que pienso en qué momento de nuestra vida en común trastocamos los papeles para que fuera yo la hija remolona o, por último, finjir estado de nirvana con postura fetal y los ojos en blanco ghost...de nada, sea cual sea la treta empleada para permanecer en horizontal, su reacción inmediata es invariablemente la misma: Vamos mami, no hagas el tonto que te conozco... (la mía proyectarme a la ducha con el fin de frenar el acto de brindarle un mamporro como homenaje a la educación recibida por la generación de la zapatilla volante).

El segundo paso de la rutina consiste en el café con la radio o la radio con el café, que es lo mismo, el whatsapp de buenos días, la nariz en la terraza para termometrar la temperatura, la cruz en la hoja del calendario, la preparación del arnés de la perra y la flexión de brazos hacia arriba, dedos juntos, con el ánimo de respirar la calma familiar previa a los: mami, ¿has visto mis deportivas, estuche, cepillo, sudadera, abrigo, calcetines…? ¡No lo encuentro! ¿Me ayudas? ¡Te prometo que lo puse aquíiiii! que me retrotraen a los arrebatos de gratitud que sentía por mi madre cuando se transformaba en la oficina de objetos perdidos. 

Hoy se ha cumplido el orden del día escrupulosamente hasta que hemos tomado las mochilas para encaminarnos a nuestras respectivas responsabilidades entre las que destaca la toma de llaves, por parte de la Taboada pequeña, cierre de puerta, virado de cilindros blindaje y entrega del manojo con dientes a la jefatura que represento en el organigrama casero. Todo habría ido bien de no ser por un pequeño imprevisto que ha descuartizado el plan: la madera con cerradura ha encajado su silueta en el umbral con la herramienta dentada metida en el agujero que hay mirando al salón, el sofá y la terraza.

  • ¿Y la llave? – he indagado a la Tabo

  • Dentro (cara de aquí-no-pasa-nada)

Gesto de contrariedad (el mío)

  • Bueno, dame la tuya y abrimos

  • No, mami, si está puesta no podrás hacerlo – continúa impertérrita

Apunto en el marcador el primer intento: Almudena 0 – cerradura 1

El segundo: Almudena inquieta: 0 - Cerradura inmutable: 2

Me contoneo en el descansillo con el cerebelo a mil por hora, la Tabo ojea el suelo y Arya llama la atención con sus ladridos de no-sé-qué-está-pasando-pero-para-mí-que-hay-algo-raro.

El rabillo del ojo enfoca a mi sucesora y descubre sus hombros bailando el san Vito: se está riendo.

  • ¿Se puede saber por qué te r-í-e-s? Si no podemos entrar ya me contarás a mí qué hacemos con Arya cuando moje el parquet porque no estamos, no puedo salir de la oficina antes de las tres, tendré que avisar al seguro, esperar a que vengan a arreglarlo…

La pequeña Taboada se bate en retirada de carcajadas y finiquita el sofocón con un discurso lapidario:

  • Mami, tu siempre me has dicho que hay que ver el lado positivo de las cosas.  Piénsalo; puedes intentar saltar del balcón de los vecinos al nuestro

  • Es un quinto piso, te quedarías huérfana – interrumpo con voz de funeral

  • Vale, pues yo no salto que soy muy joven y tengo mucha vida por delante.  También puedes llamar a Juananto que seguro lo arregla

  • Habrá que pagarle – vuelvo a interrumpir – el seguro no que ya está pagado…

  • ¿Lo ves? ¿De qué sirve que me digas que mire el lado positivo si tú no lo haces? – suspira con condescendencia  – no es por nada, mamá, pero parezco yo tu madre.

Imito su resoplido y apoyo la mano en la capucha que la protege del frío:

  • No crezcas tan rápido - rezongo con punto Touchée francés – es una trampa

Y salimos a la calle con la bufanda de la resignación, paciencia y buen humor abrigando la garganta.