QUERIDO BLOG

 

Últimamente te tengo muy abandonado a pesar de la turbina de pensamientos que rondan mi cabeza para armarlos en las páginas online de tus circuitos.  Sara y Lolita están que arden ahora que la niña anda enamorada y la madre de compra de preservativos que envuelve y guarda en la mochila como si fuera un bocata de jamón para el recreo. A ver, sé que hablarte a ti es como hacerlo con un ficus, y que tienes tanta inteligencia como las teclas que presiono a ratos de inspiración, pero me tienta humanizarte, conferirte de sentimientos para que, cuando te cuente mis historias, tú te rías, vaciles, atemorices o sueñes como si fuera yo misma al otro lado del espejo.

El viernes 13 de abril presenté el libro de La Vida en Colores (no te enfades por haberte copiado el nombre que esa cuestión hace tiempo que la arreglamos los dos) en Torrejón de Ardoz, Comunidad de Madrid, España, Europa y Planeta Tierra para que te sitúes que luego me mareas a preguntas como si fueras un cartógrafo extraterrestre de prácticas por el planeta… de acuerdo, tienes razón en que lo que acabo de escribir es una estupidez pero no he podido evitarlo porque cada vez que nombro un pueblo, ciudad o país, recuerdo un viaje a Nueva York, con mi madre y mi hermana, para celebrar la Nochevieja en Times Square como las famosas de Instagram.  El recepcionista yanqui me discutió por activa y pasiva que no teníamos room a pesar del flamante bono que había depositado en el mostrador con el PAGADO en español de toda la vida. Discutió conmigo durante los diez minutos que yo tardé en apretar el puño para no hacer una escena tipo pelea de saloon conmigo de John Wayne, y al final del combate, viendo que no podía conmigo, va el berzas y suelta con su perfecto acento yanqui:  You are from México, Aren’t you? Oye blog, fue oírlo, escucharlo, traducirlo y empezar a echar humo negro por la nariz mientras cargaba de munición mi respuesta.  Erguí la espalda, levanté los talones para ponerme de puntillas, acerqué mi cara a la suya y, arrugando los ojos en plan matarile de barrio, respondí:  ¡No, I come from Madrid, Spain, Europe, Earth, Universe, raciste de merde (este toque francés fue por eso de parecer chic) Y he aquí que el pibe ni se inmutó (entre otras razones porque debía medir un metro noventa y yo supero el metro cincuenta a duras penas) ofreciéndome como única opción una bedroom de fumadores que apestaba a tabaco, con aire acondicionado polar y el ruido procedente de la marabunta callejera.  ¿Que si reclamé? Claro, dos días más tarde al boss del desk, bajito como yo, y con quien la verborrea English se desató en un discurso contra el racismo desde el instante en que el tipo había resuelto priorizar mi nacionalidad al bonus señora usted ha pagado el hotel que tenía entre las manos. 

Me he ido, lo admito, empecé disculpándome por tenerte abandonado y he acabado con las uvas de Broadway en EEUU bajo el mandato de un presidente republicano.  Tranqui que te estoy viendo cómo resoplas porque piensas que voy a tirar del ovillo para enrollarme esta vez con Trump, por eso de la coincidencia en el partido en la wuaitjaus, pero no te agobies que ya sabes que se te borra la tinta; volvamos al inicio de mi carta con la presentación del libro en Capali, un lugar que te encantaría porque recuerda a ese tipo de películas costumbristas en las que el principal atractivo reside en un guion y elenco de actores que te envuelven en una nebulosa agradable a poco que se apaguen las luces.  ¿Que te nombre una en concreto…? No sé, así, a botepronto, recuerdo La Vida Secreta de las Palabras de Isabel Coixet, con la diferencia de que la historia de amor entre los protagonistas del film destapaba la brutalidad de la guerra de los Balcanes y, la de la reunión en el local de Mar y Antonio resultó ser un conjuro de armonía y querencia cuya resaca intento curar con un tirón de orejas a la vanidad.

Sí, blog, sí, no me interrumpas con tu impaciencia que te prometo que continuaré pulsando el botón de nuevo archivo para ampliar tu web con anécdotas mezcladas con la imaginación alocada. 

¿Que qué ha pasado con Sara-Lolita y su colega barbilampiño?  Pues no lo sé todavía porque no he hablado aún con Sara, pero no te apures que cualquier día la llamaré para que me ponga al día.  Sí... y también escribiré de aquella vez que fui a la farmacia para pedir un diurético para mi madre de nombre Diurex, y el boticario me respondió:  Tiene todas las cajas en la estantería de su espalda.  Me di la vuelta, leí los rótulos con especificaciones de colores y sabores, giré de nuevo hacia él y le dije:

  • Durex no, D-I-U-R-E-X,  un medicamento para mi madre de 85 años, viuda desde los 42 y que ya no necesita tomar precauciones.

Sí, blog, sí, se puso colorado como un tomate.

¡Qué pena!...