JODER CON LA TROPA

 

Dicen que cuando el Conde de Romanones (1863 – 1950) fue propuesto para la Real Academia, le sugirió alguien que hiciese una visita de cortesía a todos los miembros de la Institución encareciéndoles su apoyo, porque esa era la costumbre. Así es que venciendo el natural pudor cumplimentó ese requisito y todo el mundo le aseguró que su voto sería para él. El día de la votación se acercó su secretario y en un aparte le dijo: Excelencia, traigo malas noticias: no hemos salido. ¿Cómo es posible? -preguntó perplejo- Pero si tenía garantizada la elección... El funcionario se encogió de hombros. Pero entonces ¿cuántos votos he tenido?- quiso saber. Ninguno, Excelencia- musitó el secretario con un hilo de voz. El político se quedó unos instantes pensativo y luego cabeceando ligeramente se volvió hacia su ayudante: ¡Joder, qué tropa!,- concluyó. (Wikiquote)

En España vamos coleccionando casos de corrupción y estafa al ciudadano que se indigna con las noticias a la vez que participa del sarcasmo con el que los más imaginativos se recrean manipulando imágenes con las caras de los malos, escribiendo frases ingeniosas o componiendo parodias de canciones que a muchos de nosotros nos hacen reír. Sin embargo también soy de las que cree que no tiene ninguna gracia enterarse de la sarta de ladrones que se han enriquecido a costa de un dinero sustraído con la avaricia del poder que les confiamos en las urnas. Me enfurece asumir impuestos si sé que con ellos pago las mansiones, hoteles y cuentas en paraísos fiscales de los altos cargos ejecutivos, me lleno de rabia cuando hablo con amigos que han perdido su trabajo con el argumento de que no hay recursos suficientes para mantener la plantilla mientras otros amasan fortunas con fondos públicos de los que se apropian con la conciencia tranquila, y me crispa ver cómo jóvenes, y no tan jóvenes, se resignan a vivir esclavizados por oficios miserables que celebran confundiendo el milagro de ganar un sueldo con el derecho que les asiste, por ley, a trabajar con unas condiciones laborales dignas.

Las redes sociales se inundan de quejas, firmas y reivindicaciones a las que los ministros soberanos aluden con la falsedad de sus discursos.  Entendemos, compartimos y vamos a….son frases de un esquema que repiten los viejos e imitan los nuevos en promesas electorales que al final y, sea cual sea el resultado, acaban en la basura ideológica de los pactos sellados para conservar el sillón.

Todos quieren salir en la foto a la que los españoles criticamos o ironizamos cuando sospechamos el yate que aparece por detrás y al que consideramos un poquito nuestro aunque no podamos disfrutarlo.  La brecha entre clases se ahonda con la deuda que asumen los anónimos sin contactos que les aúpen para conseguir una tarjeta de visita, se puntúa el apellido, no la formación, la sumisión sobre la iniciativa, la ausencia del criterio propio sobre la tormenta de ideas innovadoras con las que el equipo directivo arriesgue su dudosa trayectoria, la pleitesía por encima de la insubordinación de un pensamiento independiente que ponga en entredicho la reputación del mandatario, en definitiva, el conformismo de un pueblo cuya máxima aspiración sea que no le quiten el fútbol, la cerveza o los programas de cotilleo en las tardes de la sobremesa.

Cultura, educación, deberes y responsabilidades por y para todos bajo el paraguas de una legislación que exija cumplir las obligaciones a cada uno de nosotros con equidad y al margen de chanchullos con múltiplos de ceros en el haber de su indecencia.  Una ley que obligue al ladrón, con cartera de presidente, a devolver lo robado en base al mismo control que se ejerce sobre el resto de ciudadanos con la lupa de su ministerio en cada paso que damos.

  • Joder con la tropa… que diría el conde.

La que votamos... que no se nos olvide, la que entre todos votamos.