LA MALETA

Estoy en la cocina cuando suena el teléfono y miro la pantalla de reojo: es Sara. Apago el fuego, me siento en el sofá y descuelgo:

¡Almudenaaaaa! Te llamo para despedirme porque salimos mañana temprano hacia Cádiz con la idea de llegar antes de la hora de comer aunque lo dudo porque Lolita aún no ha terminado de hacer la maleta, la ha vaciado cinco veces, se ha cabreado otras tantas y a mí me va a tocar ponerme firme para evitar la bronca con su padre que está que se sube por las paredes. No sé María pero a mí esta niña me desespera con el set de maquillaje, cremas, horquillas, coleteros y colonias que ocupan el noventa por ciento del equipaje para que luego se queje de que no le cabe la ropa.  No sé si llegué a contarte de la escenita que montó en el aeropuerto cuando nos fuimos a París en Semana Santa. No se lo ocurrió nada mejor que llevar tres botellas de tónico, crema facial y perfume, que por cierto, lo compra en una web nisu, ya sabes, ni su padre la conoce, porque es baratíiiiisimo y huele a higos chumbos que no le digo para que no empiece con la monserga de que no la entiendo, que soy una antigua y que el mundo está lleno de colonias mucho mejores que la de bebé que yo me pongo, que no es cierto, que sólo me la pongo cuando voy a dormir porque a mí la que me gusta es esa que te regalé de V&L y que huele a azahar.  Enfín, a lo que iba, pues tenías que haber visto la cara del policía del escáner cuando vio la mochila con los botes y la de Lolita cuando empezó a gemir porque le prohibían quedárselas por culpa del reglamento de la seguridad aérea que no se lo saltan ni en una coma.  Ricardo cogió la mano de Kike y salió escopetado para simular que no nos conocía dejándome a mí sola con el petate de la amiga de tu hija llorando a lágrima viva como si le estuvieran cortando un pie.  Di que el poli era tan buena gente que le propuso volver atrás, comprar envases de plástico más pequeños y rellenarlos con los potingues pero ni por esas consiguió que la dama de las camelias dejara de suplicar organizando un folletín en la fila de los que nos seguían que a poco me linchan a mí con gritos de ¡usted es su madre! ¡Oblíguela a seguir adelante! ¡Pues vaya con la educación de ahora! Escucha Taboada, como que estuve a punto de volverme y jurar que nos habíamos encontrado allí por casualidad y que sólo trataba de echarle un cable porque me daba pena… vamos, te doy mi palabra que ni San Pedro habría jurado no conocerla con tanta convicción como yo, pero la mala leche que se me puso en el cuello fue más fuerte que la vergüenza y reaccioné empujándola por la espalda, agradeciendo a la autoridad su comprensión y llevándomela de allí con un millar de amenazas que la dejaron callada hasta que entramos en las galerías La Fayette donde repuso su botiquín de belleza con la ayuda de la Visa de su padre. Ya, ya sé que te estarás preguntando de dónde saca el dinero para surtirse de tanto cosmético con lo caro que es, pues te cuento, creo, sólo creo, que vende el bocadillo que se lleva para media mañana en el patio del instituto.  (suelto una carcajada) No, no te rías que ahora se levanta media hora más pronto para preparárselo como si fuera un sándwich gourmet, vamos, que sólo le falta colocarle una cita de regalo encima del papel de aluminio para que quede perfecto.  Lo sé porque la pillé un día que salí más tarde a la oficina y cuando le pregunté si estaba preparándose un bocadillo o experimentando con recetas para apuntarse al concurso de los chefs de la tele me respondió que había leído lo importante que era la buena alimentación en las primeras horas de la mañana y que a ella le perturbaba, sí, dijo perturbaba, no estar suficientemente nutrida teniendo en cuenta que el menú de sus padres era muy elemental: en verano gazpacho, en invierno cocido. Así, con un par de buenas razones.  Cuando se lo conté a Ricardo  en lugar de ayudarme a investigar la verdad, actuó como suele hacer en momentos de crisis, agarró la puerta y se fue al supermercado para traer dos filetes de hígado de pato que le obligó a comer porque las proteínas del foie eran las mejores para evitar granos, espinillas y bigote en la piel de una quinceñaera.  Lolita no es tonta y no se tragó la milonga pero sí los filetes disimulando las arcadas para no despertar sospechas. En definitiva, que estoy segura que vende los bocadillos gourmet porque la paga que le damos da para un refresco y una bolsa de palomitas que se endilga todos los sábados cuando sale con tu hija.

Estornuda y continúa

  • ¿Te estoy interrumpiendo algo importante?

  • No, tranquila, iba a preparar la cena

Ah bueno, nosotros hemos encargado hamburguesas para no tener que recoger después los platos, ya te he dicho que queremos salir temprano.  Te voy a ser sincera, te he llamado para desahogarme antes de que vaya a ver cómo sigue Lolita con la maleta y acabemos mal porque como se adelante Ricardo, ésta se va a Cádiz con un biquini, dos camisetas, un vaquero, una muda y el cepillo de dientes.  Ni lápiz de labios, ni crema facial, tónico, quita espinillas, rizador de pelo, maquillaje y desmaquillante, rimmel o esmaltes a granel para las uñas.  Vamos, que se va con lo puesto y poco más.

  • No sería mala idea… - sugiero

  • ¿Sabes? Creo que tienes razón, no sería mala idea - se queda pensativa y continúa - Y, tu, ¿qué me cuentas?

  • Que estaba pensando en ponerme a guisar una mezcla de tubérculo en aceite caliente con sal y deconstrucción de huevo en forma de cilindro.

  • O sea, una tortilla de patatas.

  • Eso, una tortilla.