EL EXPERIMENTO

 

Esta vez he sido yo la que he llamado a Sara porque mi hija me ha enseñado la foto del perfil de Lolita en la que aparece con el pelo como una bombona de butano.  Mi amiga responde con voz de funeral que me recuerda a la mía cuando tengo que dar explicaciones por alguno de los arrebatos inspiradores de mi adolescente que ponen los otolitos a orbitar por la paciencia.

-    Hola Taboada – empieza con el tono característico de mamá frita con la pubertad de su retoño – Imagino que querrás saber de dónde ha sacado la niña esa melena estilo rey León que se me ha puesto y si le he dado permiso o nos la ha colado a su padre y a mí en una de sus escapadas de casa cuando se le tuercen los cables, agarra la puerta y se larga a tomar el aire porque dice que no nos aguanta.

Trato de sofocar la risita que me identifica con ella

-    El sábado por la mañana se levantó de un humor de perros y tan pronto apareció por la puerta de la cocina, Ricardo me miró, guiñó un ojo y se puso a batir huevos para la tortilla del desayuno (somos así de británicos), gruñó un buenos días y desapareció arrastrando los pies como si fuera un preso cargando la bola. Media hora después volvió a entrar ya vestida para decirnos que salía a pasear a Silvestre con la excusa de haber leído en el Facebook que tener a los felinos encerrados en casa podía producirles un infarto y que ella no estaba por la labor de tener que sufrir por su mascota a quien, por otro lado, ni caso le hace. Puedes imaginarte la cara de plato que se nos puso a todos, las carcajadas de su padre el tonta que le largó su hermano y mi conato de conciliación que no hizo más que provocar la estampida a la calle dejándonos con el café, la tortilla y el gato acurrucado en el sofá.

Resopla

-    Enfín, el caso es que pensamos que volvería enseguida pero la muy bruja nos tuvo esperando dos horas en las que nos dedicamos a llamar a todas sus amigas (incluida tu hija) hasta que la última nos confesó que, quizá, estaba en una escuela de peluquería de la que les habían hablado y que estaban pidiendo voluntarios para estudiantes en prácticas con los rulos, tijeras y tintes.  Removimos Roma con Santiago para encontrar la dirección y cuando ya la habíamos encontrado y nos disponíamos a salir en su busca apareció en el umbral de la puerta con esa fregona naranja con la que aparece en la foto.

Me empiezo a reír

-    Si, ríete porque nosotros también nos reímos ahora que ya nos hemos acostumbrado pero te juro que si no fuera por el drama que nos montó nada más vernos, el escozor rabioso en el cuero cabelludo y la excursión a urgencias para que una doctora canaria le hiciera beber una ampolla de antihistamínico mientras canturreaba por lo bajini eso de qué rico el mojo picón, Lolita habría acabado colgada por los pies en el hueco de la escalera.

-    ¿Urgencias?

-    Si, hija, si, que el tinte le dio reacción a la niña y a poco se nos queda calva.

-    ¿La habéis castigado?

-    Claro

-    ¿Con qué?

-    Al principio le quitamos el móvil y le prohibimos salir con amigos durante quince días porque ya tenía bastante con su padre y su hermano persiguiéndola con el: Simba, a comer, Simba saca el gato a la calle, Simba pásame la sal a pesar de mis intentos de conseguir una tregua para que la dejaran en paz. Eso fue al principio, como te digo, pero como mi hija no se calla ni muerta, el domingo se vengó de su padre cuando andaba a bofetadas con un ataque de hipo mientras yo trataba de enterarme de lo que le ocurría a la protagonista de la peli de la sobremesa. Bueno pues el caso es que entre uno y otro hipido, a Lolita no se le ocurrió otra cosa mejor que sentarse a su lado, apoyar la mano en su brazo y decirle con voz de circunstancias:  Papá, tengo que contaros algo… estoy embarazada.

-    ¡Supongo que sería mentira!

-    ¡Pues claro que era mentira! Pero a Ricardo se le cortó el hipo de un golpe y a mí se me quitaron las ganas de seguir mediando entre los dos bandos, así que ahora tengo a Simba en arresto domiciliario hasta que se me pase el susto y sea capaz de perdonarle el castigo.

-    Di que sí, Sara, tú dí que sí.