MOMENTO PRETTY WOMAN

Tengo una amiga con quien tengo una deuda impagable desde que apareció en un momento crítico de mi vida para sostenerme cuando la rabia le dio un bofetón inesperado al chakra de la tranquilidad rutinaria. Socia de la fundación Agradecimientos Varios, decidí que ya era hora de devolverle una porción de su obsequio con uno metalizado y rubricado con mi nombre para que lo colocara en la repisa de los reconocimientos habitualmente vacía.

La tarde de mi excursión a tiendas de postín fue la misma que salí de casa con mi ropa de no-me-apetece-ponerme-guapa, o lo que es igual, vaquero, jersey, botas de las siete leguas, cazadora, bufanda y cara recién lavada con el jabón de etiqueta Piel Tersa que no me creo por eso del precio que aparece en el visor de la Caja.

Colgué la mochila en la espalda y caminé en línea recta hacia una joyería recomendada por una pariente, antigua maestra de la dueña, quien me aseguró la calidad de sus productos amén de la cortesía, amabilidad y cercanía de la propietaria. Confiada como soy en la opinión de los miembros de mi estirpe, allá que me fui pulsando el botón de la puerta con mis mejores modales como tarjeta de presentación.

    • Buenas tardes – saludé – Deseo hacer un regalo a una persona especial y había pensado en…

La jefa me mira de arriba abajo y responde:

    • No tenemos. 

Reparo en una vitrina con unas vieiras de plata algo repolludas pero con posibilidades e insisto:

    • ¿Tienen sólo estos modelos o quizá más sencillas porque no me convence tanto adorno?

    • Son para bautizo – replica el papel de lija con figura de mujer

    • Ya, sé para qué se utilizan – tontuna que no soy tan paleta (pienso) – pero me parecen una buena opción.

    • Lo siento – responde la lija abriendo la puerta de entrada para invitarme a salir – aquí no va a encontrar lo que busca.

Salgo a la calle y me quedo cual estatua con las bolas de las malas vibraciones girando alrededor del asombro: ¡Me ha echado! – repiten una y otra vez – ¡Esta bruja me ha echado!

Giro a la derecha y tropiezo con el escaparate de una gemela con el frontal dorado que augura visa de platino en el letrero.  Camino de puntillas, toco el timbre y entro. Los vendedores son un matrimonio maduro que me reciben con gentileza y disposición para ofrecerme objetos variopintos que cumplan mi deseo por debajo del umbral de mi presupuesto.  Ellos sí que son un encanto con un trato excepcional y cercano que me anima a adquirir el regalo que no había pensado pero con el que sé que voy a acertar sin equivocarme.  

Abro la mochila, extraigo la tarjeta, pago y con la bolsa en la mano, los miro y pregunto:

    • Perdonen la confianza pero, ¿Creen que tengo cara de pobre?

Se ríen y contestan al unísono

    • No, por supuesto que no.

    • Bien, era sólo una curiosidad, gracias.

Salgo a la calle y veo una marquesina con Julia Roberts sonriendo al estrellato. El cerebelo se voltea y me planta un fotograma de la Pretty frente a los ojos de mi venganza. ¡Ja! - Exclamo para mis adentros – Esta es la mía.

Recorro los veinte pasos que me llevan al encuentro de la lija. Pulso el botón con el paquete visible sobre la perchera. Entro y reproduzco escena:

    • Buenas tardes – cortés, que cuando quiero soy muy muy cortés - ¿Se acuerda de mí?

    • Naturalmente – replica la dama

    • Me alegro porque quería comentarle que usted no me ha tratado muy bien cuando he venido hace media hora.  Quiero decir, usted me ha echado por el artículo de los prejuicios (esto último lo he pensado, no lo he dicho)

    • No señora (qué mal me sienta el señora…) usted tenía una idea muy clara que aquí no tenemos.

    • Puede que sí pero sus vecinos de veinte pasos a la derecha han tenido la amabilidad de ofrecerme alternativas y el resultado es este objeto por el que he pagado 300 euros (aquí trago saliva porque la mentira es muy gorda).

Carraspeo y continúo

    • Además, quería comentarle que soy pariente de Pepita Taboada, su profe de colegio y

Me interrumpe ofuscada con el rojo en los mofletes

    • ¿Y cómo no me lo dijiste? (nota: me ha empezado a tutear)

    • Porque no me gustan los sobrenombres de Hermana de… tía de…sobrina de… prima de…. Prefiero que me traten por mí y no por lo que llevo en el apellido

    • Pepeperororo – tartamudea – si me lo hubieras dicho…mira tengo unos candelabros preciosos, hay vieiras más sencillas, no sé, quizá un anillo…

Too late, Flanagan (ronronea mi estómago)

    • No se preocupe – respondo con calma – como le he dicho al principio, ya tengo mi regalo (levanto la bolsa hasta la barbilla). Mi intención era comentarle que me ha parecido incorrecto que me expulsara del local

    • Yo…yo…yo… no he hecho eso

    • Si, naturalmente que lo ha hecho pero no importa porque he conseguido lo que deseaba y estoy satisfecha. Buenas tardes.

La milady me sigue hasta la acera balbuceando excusas que yo ignoro bajo el disfraz de Pretty Woman con el que acabo de descubrir la dulzura de una vendetta a la soberbia de los que poseen ridículos y malintencionados  prejuicios