TONTÁS (nada como reírse de uno mismo para tener buena salud mental)

EL CALCETÍN

 

Tengo un día libre en el que programo pasar la mañana de fiesta con el trapo del lo-dejo-para-el-fin-de-semana, el spray abrillantador, amoniaco y demás enseres la Orden de Limpieza con quienes tengo por norma celebrar una quedada en el salón de mi casa.  Mi hija se ha levantado temprano para acicalarse antes de acudir al instituto untada en cremas, rimmel y loción crecepelo recomendada por el tutorial de una youtuber que, para mí, que se ha quedado con el personal. Estoy bebiendo mi café cuando aparece por la puerta ojos-de-plato:

-        ¡Que me he colado! ¡que llego tardeeeee! Mami!!!! llévame en coche, porfi, porfi, porfi…

Miro el reloj, el café y a Arya que no se inmuta por nada a menos que abramos la puerta de la nevera.

-        Está bien – accedo – me pongo el vaquero y nos vamos.

Me lavo la cara, atuso el pelo, subo pantalones, busco calcetines y encuentro al huérfano de su pareja en el mueble del lo que-me-pongo-mañana. Busco en el suelo, debajo de la maceta, por detrás del cajón de herramientas y entre los cables de lámpara-televisión-teléfono que me he jurado desenredar antes de que la artrosis lo impida.

-        ¡Mamiiii! Vámonos que llegamos tardeeeee

-        Me falta un calcetín – replico

-        Da igual, mamá, no te vas a resfriar por tener un pie descalzo..

Confieso que me ha pillado de buen rollo y, en consecuencia, se sale con la suya: calcetín-bota, piel desnuda-bota. Cojo la llave del coche, salimos a la calle, subimos a Manolito cuatro ruedas, arranco, empezamos a rodar y percibo un bulto blando que me incomoda el glúteo.  Freno, no viene nadie detrás, introduzco la mano y palpo un enredijo de tela. Pinzo con los dedos y extraigo el talón, puntera y puño del escarpín huido.

-        ¿Qué es eso? – pregunta mi hija

-        El calcetín

-        ¡Qué bien! ¡Lo has encontrado!

Meto primera y arranco con el malandrín a buen recaudo del bolsillo de mi cazadora.

¡Atontao! (farfullo para mis adentros, y al calcetín, naturalmente)

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EL LEGGIN

Esto del covid me ha traído una ventolera de estilismo después de tantos meses a modo pijama-vaquero-pijama en el hogar que me acoge.  La responsable de mi nuevo look es la sucesora de mi apellido a quien le reconforta enormemente filtrar cajones y perchas apartando lo que, según su criterio, pertenece a la Edad Media.  En uno de sus viajes al fondo de mi armario, encontró un jersey-manta que le fascinó.

-        Mira mamá, si te pones esto con unos leggins y botas altas te van a decir que estás estupenda.

-        Y dale – refunfuño – una se pone guapa para sí misma, no para encandilar al personal (hay que aprovechar momentos publicitarios como estos para reforzar autoestima).

-        Vale, lo que tú digas, pero hazme caso y vístete como te digo.

Tengo el carro de la compra aparcado en la entrada, pero la pereza de salir a la calle me vence.  Hago la prueba, jersey manta y pantys 70 hilos con efecto antifaz en las piernas. Calzo botas y me planto en su dormitorio.

-        ¡¡Estás hermosa!! – (tengo que averiguar qué series está viendo porque últimamente utiliza unos epítetos sospechosamente cursis)

-        Anduriña, a los gordos se les llama hermosos. Vamos, que sé que no es tu intención, cariño, pero cambia de adjetivo si no quieres acomplejar a tu madre.

-        ¡hermosa, mamá, hermosa! – responde sin alterarse - ¿No ibas a ir a comprar? Pues vete y verás cómo te dice la cajera que estás guapísima

-        Anduriña, no conozco a la cajera, ni al cajero ni al vigilante de la entrada. Y el desinfectante no habla, es objeto inanimado, lección de Primaria, por si lo olvidaste.

Se levanta, coge la mochila, me la entrega y me empuja a la puerta.

-        Venga, no seas perezosa y vete al súper.

Salgo a la calle estirando el bajo del jersey para alcanzar las rodillas a la vez que me da por pensar en que tengo que agacharme para coger los tetrabricks de leche sin lactosa que bebemos en casa.  ¿Y si la media no es suficientemente tupida y la imagen de mi trasero se hace viral en las redes? ¿Y si me engancho con la estantería del arroz y me hago una carrera que me enfríe la pernera? ¿Y si…? ¿Y si…?.

Cambio de rumbo. Primera parada: boutique oriental de la plaza.  Accedo al interior, aparco el carro, busco leggins negros que moldeen la figura. Entro en el probador y salgo con la etiqueta colgando en la cintura. Me acerco a la Caja y comunico mi intención de salir del local estrenando la prenda. La muchacha corta la cartulina con las tijeras, mira el precio, teclea en el ordenador y comenta:

-        No se puede cambial

-        ¡Estaría bueno! (lo pienso, no lo digo) Lo sé, señorita (esto sí lo digo), sería una vergüenza que lo intentara siquiera

-        Por si acaso – responde sonrisa mefistofélica que adivino tras la mascarilla de tela

Al salir contemplo el reflejo de mi cuerpo en un espejo. Llamo a mi hija.

-        ¿Tú estás segura de que no parezco una butifarra con jersey?

-        ¡Qué pesada, mami! En todo caso serías una butifarra hermosa

Lo ha empeorado…a fe mía mía que lo ha empeorado..