DOSCIENTAS MIL GRACIAS

Confieso que he empezado a escribir este texto varias veces y borrado otras tantas porque me cuesta hilar las palabras de tal modo que cuando vuelvo atrás y releo lo que acabo de escribir el grillo de la conciencia susurra: pésimo, Taboada, pésimo.

Así que me voy a dejar de dar rodeos por lo literario para dar las gracias a todos y cada uno de los que pulsáis un botón para entrar en este blog de vivencias pintadas de colores según gire el ánimo por la rueda de mis emociones. En tres años alcancé las cien mil visitas y exploté de alegría porque ni en el mejor de mis sueños pensé que pudiera volar tan lejos; de hecho, ni siquiera había generado expectativas porque no había más propósito que rebajar la tensión de un manojo de calamidades al que tuve que hacer frente cuando me anudaron las arterias. El pudor que sentí al publicar las primeras entradas no ha disminuido un ápice, tampoco el sentido del ridículo o el miedo a traspasar el límite de lo ético con ese impulso incontrolable de desgranar lo que siento haciendo caso omiso al manual de los buenos modales. He jugado al despiste y disfrutado con los comentarios, públicos y privados, que engordan la vanidad como los garbanzos de un cocido gallego, contado intimidades en personajes extraños y confidencias ajenas en mí como protagonista, volcado disgustos con humor (medicina muy recomendable) y superado el estrés con los dedos de la creatividad tecleando a todo trapo en la cabeza mientras paseaba a Arya, limpiaba la cocina o viajaba en autobús.

Hemos superado las doscientas mil visitas y digo bien, hemos porque este hito no es mío, es de todos los que estáis ahora leyendo mi carta, los que conozco en persona y los que entráis en el círculo de mis afectos por la puerta invisible de mi energía. Y si, puede que la vida me haya dado trastazos, que sea quien sea el que rige el Universo haya tenido a bien poner a prueba mi fe en el mantra del positivismo así como también me ha regalado participaciones de alegría en los días tranquilos, pero si hay una parte de mí que siempre está llenita de luz, calor, entusiasmo, ilusión, cariño y gratitud, es la que os corresponde a todos y cada uno de los que me regaláis una cifra en el contador de una pantalla tan fría.

Cada paso que doy con una entrada en el blog viene acompañado de vosotros, de ese aliento que percibo en la espalda para recrear un espacio sin límites o fronteras, razas, religión, cultura o pensamientos que sobrevuelan el aire con el impulso de un corazón, el mío, avivado por el latido de todos los vuestros.

A los que estáis en mi agenda y a los que no, gracias por formar parte de este viaje con el viento de mis emociones impulsando las alas.