FELIZ 2022

                                                            Hoy festejo mi vida y el poder renovar, reforzar, aumentar, asumir, respetar y trabajar mi responsabilidad de estar vivo. Asumo las riendas de mi vida, respetando la vida de los demás, devolviéndoles lo que de ello es y que no me pidieron cargar- Trabajo en lo que debo sanar en mí, aunque esto a veces duela. Hoy festejo mi natividad.

     Fdo: Evaristo, mi amigo, con su permiso...

 

Querido 2022

 

Tu predecesor se va conmigo esquivando las garras de Omicron. A ver cómo te explico que la mascarilla y yo no hemos conseguido ser colegas a pesar de tantos meses juntas, que eso de disfrazarme de bandolero por las calles, a falta de la capa y sombrero, como que no me ha resultado muy divertido, y que recibir Whatsapps y llamadas con el más de un positivo cabrón es especialmente puñetero.

En un par de días nacerás en las cunas de millones de familias separadas por pantallas y puertas; las copas de champagne permanecerán en la alacena con el brillo ausente, las redes se llenarán de mensajes de amor y el teléfono de voces que lamentan la falta de los abrazos (si me apuras hasta el del cuñado/a petardo/a con el que rechinan los dientes al saludar), el vino vertido en la mesa y el turrón en la bandeja de postre.  Habrá quien se la juegue porque el coronabrón ha acabado con la paciencia, la nostalgia es poderosa y la necesidad de los suyos supera con creces el miedo al contagio.  No es mi caso, que ya sabes que soy familia de médicos y éstos andan con el mantra de la protección y responsabilidad a gritos por las esquinas.  Es lo que toca, veinte veintidós, fíjate qué tontería, tantas veces he oído hablar del rollito patatero que suponía juntarse con la familia (incluyendo los parientes plomíferos) y ahora se añora hasta el debate político de la cena entre contrincantes intentando convencer al contrario de su ideología.

No soy de propósitos porque no cumplo ni uno, soy así de perezosa. ¿Dietas? Ni de broma, ¿Deporte? Andar con mi perra, ¿Pintar, coser, cerámica? Pues sí, las paredes de mi casa (dos, en blanco y pequeñas), un botón que se me acaba de caer del pantalón, y pegar, sin que se note, el cuenco que me traje de Granada porque se estampó contra el suelo en una de esas noches que una va al baño con la luz apagada, el dedo meñique se come la pata de la mesa, se hace trizas el nervio, la superficie de madera baila un rap y el tazón de souvenir andaluz sale disparado contra las baldosas. Pues eso, veinte veintidós, tres por el precio de una: meñique amoratado, ¡coño! y mosaico de cerámica repartido por las baldosas. Vamos, victoria de un bingo en toda regla.

Naces bajo los nubarrones de un virus, año de patitos, y más te vale que soples con fuerza permitiendo al sol lucirse con todo su esplendor. Quiero doce meses sin sobresaltos o pérdidas, salud a todo trapo, los besos de mi hija, risa a carcajadas y buen rollo para soportar los desmanes de la gente con la sangre envenenada. Te quiero lúcido y fuerte, enérgico y cariñoso, risueño y llorón con los finales felices.

Te quiero cargado de amor para la gente que me abriga el corazón con su aliento, de tarta de chocolate para los que amargan sus días y ganas, muchas ganas de saborear la vida en cada porción que nos toque masticar con una cucharita de acero.

Feliz Año Veinte Veintidós

(no me defraudes..)