LAS TRAMPAS DE LOLITA

 

Lolita ha madurado y, mal que me pese, su madre Sara no me proporciona tanto material como cuando andaba a tortas con las hormonas.  Las conversaciones entre nosotras se habían vuelto más tediosas hasta que mi querida protagonista de la sección: Lolita y sus locuras, tuvo a bien regresar a los viejos tiempos para que su madre me animara el día con sus batallas.

Suena el teléfono y saludo a Sara:

-  Taboada, lo ha vuelto a hacer, Lolita lo ha vuelto a hacer..

Me froto las manos, apago el fuego de la sartén y me siento en el sofá: estoy de suerte

-  Cuéntame Sara, que te escucho

-  Pues nada, empezaré contándote que la niña nos pidió ayuda para customizar su cuerpo

-  ¿Perdona?

-  Cus-to-mi-zar, Taboada que no te enteras, ¿llevas puesto el audífono? ¿En qué oreja estás apoyando el móvil?

-  Lo llevo puesto, pero se le ha agotado la pila. Te escucho con el oído bueno

-  Vale, pues te cuento – baja la voz – resulta que se nos ha hecho fan de la protagonista de una de esas series turcas que se han puesto de moda, ya sabes, el chico quiere a la chica, ésta tiene un dramón que te cagas en casa, es huérfana o cree que lo es hasta que aparece la madre que había perdido la memoria, vive en Argentina, se da un golpe con la mesa, recuerda a su hija y regresa para reencontrarse con ella.

-  Respira, Sara, respira que hasta yo me ahogo

Resopla

-  Bueno, pues eso, por cierto, te la recomiendo si quieres alegrarte la vista con el protagonista masculino que está de muerte. Hay que ver con los turcos, siempre pensando que eran bajitos y feos y resulta que ahora te encuentras con unos tiarrones espectaculares que quitan el hipo. Estoy convenciendo a Ricardo para que las próximas vacaciones nos vayamos a Estambul con la excusa de conocer el Bósforo y, de paso, comprobar si los guapetones de las series son reales o nos la han colado con el photoshop de la tele

-  ¡Sara! – interrumpo – Al grano, que estoy tomando apuntes para el blog y me pierdo.

-  ¡Valee!!! Enfín, que Lolita sigue en Instagram a la actriz que representa a la chica que se cree huérfana, pero que no lo es hasta que

-  Esa parte me la sé – vuelvo a interrumpir – sigue contándome lo de tu hija

-  Bueno, pues esta muchacha, que tiene un nombre turco impronunciable (digo yo que donde esté el Mari Carmen de toda la vida que se quiten los Gzdeen, Haçdun o Pügdzr) publica stories haciendo ejercicio con pesas, boxeando o saltando a la comba con maquillaje waterproof porque no me creo que sude sin que se le corra el rimmel por toda la cara, vamos, que no me lo creo

-  Sara…al grano

Suspira

-  El caso es que Lolita se ha comprado unas pesas con una goma que se estira arriba y abajo, derecha e izquierda y unos guantes de boxeo que no sé para qué los quiere porque ni su padre ni yo estamos por la labor de regalarle un puching-bol de esos con los que te estrellas cuando vas al baño porque siempre están en medio. Se pone una cinta china en la frente, unos leggins y cascos para escuchar los gallos de una banda que no me preguntes cómo se llama porque es asiática y tiene un nombre muy raro como todo lo que se aleja del latín (Ay que ver, qué filosófica me pongo). Enfin, sigo que si no me vas a gritar, por cierto ¿Qué estabas haciendo para la cena? Ricardo dice que si no le decimos menú él no cocina, y aquí estamos, pensando en si tomamos arroz (es la tercera vez en una semana), pasta o huevo frito con patatas fritas – escucha mi jadeo – vale, vale, vale, Taboada, no te enfades que sigo. El experimento del coaching corporal empezó hace tres días en el salón porque dice que quiere que sepamos que va a ser constante y no como cuando se apuntó al gimnasio, pagamos un pastón, no se acercó ni a la puerta, no nos devolvieron el dinero y acabamos por quitarle la paga hasta que amortizó la inversión en la matrícula y primera cuota del mes.

-  Consuélate, por una vez os habéis ahorrado el sueldo

-  Por ahora, Taboada, por ahora que está en racha de voluntariado en casa para hacer méritos con chantaje emocional que no cuela. Sigo… la otra noche Ricardo y yo queríamos ver una peli de nuestra época (brrrrr, parezco mi madre) en Netflix, pero cuando iba hacia el salón, a oscuras porque estamos plan ahorro total de luz, tropecé con la cuerda de las pesas rosa fosforito (se supone que se ven en la oscuridad pero es una trola muy gorda) que Lolita había atado entre el picaporte de una puerta y su mano (al otro lado del pasillo) haciendo que tiraba de la pesa para ejercitar el bíceps (ese es el músculo del brazo ¿verdad Taboada? Siempre me he liado con los músculos excepto con el esternocleidomastín)

-  ¡Saraaaa!

Se ríe

-  Me encanta vacilarte, Taboada, me encanta..A ver, acabo que si no, no cenamos. Como puedes imaginarte, tan pronto el pie se enganchó con la cuerda, el nudo de la puerta se desató y la pesa salió escopetada en dirección a Lolita que la recibió en el centro del estómago con un grito parecido al de la niña del exorcista: ¡COÑOOOO, JODEERR, MAMÁAAA!

Me río…

-  Tuvo que dolerle un montón. Le podías haber volado un ojo

-  ¡Qué va! Ahí fue cuando se descubrió el pastel. La pesa era de plástico.

-  Me estás tomando el pelo

-  No, yo no, la que nos engañó fue Lolita al tunear la factura de la tienda de deporte. 

-  No entiendo

-  Te explico.  Nuestra querida comedianta nos pidió dinero para comprar el material que necesitaba con urgencia para ser como la actriz turca que hacía de huérfana hasta que su madre..

-  ¡Sara! Van tres veces, que ya me he enterado que su madre estaba en Venezuela

-  En Argentina, Taboada, Argentina que no te enteras….  Valeeee, pues eso, que aquí la espabilada de los Martínez nos pidió dinero para comprar los trastos a cambio de entregarnos el recibo para añadir en la cuenta de gastos filiales que nos tienen asfixiados.  Y lo hizo, claro que lo hizo, pero tuneado con un lápiz que incrementó en un cero la cantidad final

-  -¡Zumbaaa!

-  Exacto, es exactamente lo que bailé después de tropezar con la maldita cuerda. Eso y lo que le ordenamos para hacer en casa los fines de semana porque quedaba terminantemente prohibido salir ni para comprar los churros del desayuno.

-  Sara, estás exagerando

-  Ni el punto de una i, Taboada

-  ¿Y qué habéis hecho con las pesas?

-  Se las hemos dado al gato para que juegue con ellas

-  Se os va a poner cachas…

-  Muy graciosa, Taboada, muy graciosa