TRESCIENTAS MIL GRACIAS

 

Más de trescientas mil visitas en el blog de la Vida en Colores es un regalo que recibo de cada par de ojos que leen lo que mis tripas escriben en función de su estado de ánimo.  La aventura que inicié por un impulso se ha convertido en un cofre de lingotes de oro con nombre, o anónimos, con los que se ha establecido un vínculo de afecto inesperado.

Estos días se ha publicado una foto del Universo con cientos de galaxias deslumbrantes sobre un fondo negro que contrasta con la luz que desprenden aquéllas.  En cierto modo, comparo la imagen con mi contador de visitas y me siento como una espectadora contemplando el cosmos en cifras que brillan con luz propia y, como  además soy novelera, me gusta lanzar la imaginación al viento para idear las vidas de quienes pulsan el icono de uno u otro titulo con la curiosidad en la yema de sus dedos.  Quiero pensar que es el ratillo en el que ponen en off las preocupaciones diarias a cambio de un viaje de sensaciones con las que olvidar la cuenta corriente, lista de la compra, niños, abuelos, trabajo, frustraciones, soledades y ausencias que runrunean el corazón con el mazo de la tristeza.

La gratitud hacia todos vosotros anda bailando zumba en el corazón.  No soy diferente y tengo una vida personal a saltos entre la inquietud y la calma cuando tengo suerte y me voy a la cama sin sobresaltos. Tengo para mí que pacté una travesía bastante movida antes de nacer y no sopesé la letra pequeña que firmé en el contrato con los querubines que oficiaron la ceremonia porque aburrirme, lo que se dice aburrirme, no hay un día en el que pueda decir: ¡Uff, qué rollo de vida!

Soy melodramática, aunque los años que han proporcionado un pellizco de serenidad que no me ha venido mal.  Sin embargo, voto por aquéllos que afrontan las dificultades con aceptación y optimismo, de modo que, teniendo en cuenta que mi naturaleza es propia de hacer que las desgracias sobrepasen el termómetro de las emociones, cada viernes, cuando leo el correo de Simple site con el número de visitantes en el párrafo del resumen semanal, el pecho se electrocuta con la alegría de saber que esos numerillos fríos son mucho más que líneas curvas sobre la pantalla porque detrás del trazo, sé, porque lo sé, hay cientos de latidos que, como el mío, navegan por el calendario del tiempo con su mochila de sentimientos. Si con mis escritos he conseguido que vosotros, los que seguís la línea de los renglones con el interés despierto, hayáis dejado brotar la burbuja de la risa, la empatía por lo que os cuento o la sorpresa de sentiros identificados, entonces, ese impulso que seguí hace ya varios años de escribir lo que las tripas mandaban, habrá valido la pena.

Gracias a todos por estar tan cerca y por hacer que el oleaje sobre el que remo con fuerza, sea tan estimulante, dulce e intensamente  atractivo como el Universo que compartimos.